¡El blog de Julia se pasó de casa!

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9.09.2006

Una vez al mes

-No. Si así es la cosa- le dijo-. Si te viera una vez al mes...si fuera nuestro “un día al mes” sería completa y felíz…porque a vos te veo tan permanente, tan dentro de mi corazón y a lo largo de tantos años ya, que entonces, el tiempo es relativo.

-¿ Una vez al mes? Solamente, amor...¿ tan poco?-contestó él.

-Es que tengo tanto que hacer, que la verdad así sería mejor. No te sintás presionado, esto tiene que fluir, fluir...no ves...hagámonos agua, amor, acomodémonos...¿ no ves que ya no somos chiquillos? ¿ que la vida nos ha convertido en otra cosa?- insistía ella con voz suavecita. Y la alegría se le saltó a él por encima de los anteojos. Tanta y tan alborotada que el abrazo se los botó y no les importó que se pudieran quebrar. Corrieron las sillas hasta dejarlas una frente a la otra, los brazos iniciaron la danza de los abrazos y las manos entre los cabellos, y los besos y la urgencia...

El sol habitaba la terraza también. Una tarde así en octubre, cuando lo usual en ese mes es el aguacero, era un lujo para el encuentro.

Era la casa de ella.
Allí había llegado él de sorpresa.
Fueron más de veinte años de espera. Todo el tiempo que ella había estado con otro.
El visitante inesperado le contaba de su nuevo amor, de su trabajo, de sus proyectos y sus ilusiones y de lo bien que se sentía con la otra. ( la oficial) .

Una cosa llevó a la otra, y hablando de amores ajenos se despertó el deseo. Aquello les ocurría siempre que se veían. Pasaban los años, pasaba la vida y el deseo no pasaba. ¿ O era amor? ¿ era eso el amor y lo demás otra cosa?

Ni él ni ella lo sabían. Solo era una llamita interna que les quemaba fogosa las entrañas en cuanto se veían. Empezaba con sonrisas, seguía con risas, chistes tontos, majaderías conocidas, se les colaba reptante entre los dedos mientras hablaban de lo terrible de la guerra de Irak y la política de Bush, del desorden de país que habitaban, de los hijos, de los nietos, de las travesuras compartidas del pasado...

-¿ te acordás cuando me pasaba a dormir con vos? Y mami no se daba cuenta.?- : se atrevía ella a recordar. -Yo me quedaba helado, él le contestaba y eso les provocaba risa.
-! Me daba tanto miedo!...pues no se notaba, siempre me recibías caliente...

- ¿ Te acordás cuando fuimos a Jacó y aquel ceviche se nos descompuso, que olía tan horrible y perfumaba el carro? -
- -.Sí.¡.Qué estúpidos!…acompañando ahora las palabras con sonoras carcajadas .

- Y aquel bar en La Habana? la botella de vino blanco búlgaro… la etiqueta la guardé ¿ sabés? Pero un día de furia la boté, la boté junto con todos los recuerdos, y las fotos.- ..Agregaba ella apretándole los muslos mientras interrumpía el silencio para dejar paso a la nostalgia.

- Me parece ayer ver todo irse junto a la basura del baño.¡ Qué tonteras que hacemos.!-..y de nuevo las risas...pero era octubre , un octubre extrañamente asoleado a las cuatro de la tarde
- -¿ cuántos años son los que cumplís? -
-Son 48. Estoy viejo y panzón. -Yo no! dice ella metiendo la panza generosa. Más risas.
-¿ querés un café? ¿ un té?-
-No. Quiero un vino. –

Miradas que se cruzan y todo lo entienden. De nuevo las palabras sobran.

El saca las copas. Ya sabe dónde están. Ella trae un Carmen Pinot Noir, su preferido. El corcho está pegado de esperar. No colabora. Por suerte está él que es tan macho y tan sabio y tan ducho en estas lides y tan… tan para ayudarle. Insiste y le pide la botella. Ella ahora duda. Que no se ponga en entredicho su calidad de anfitriona, su experiencia ...su...su....y las manos se encuentran acariciando la evocadora forma de la botella. El corcho sale y es el alivio ; de nuevo la risa. El lo sirve y se pone grave:
-me siento cansado –
Silencio.
No se ha vertido el vino en las copas y ya están borrachos de verse los dos.

- Yo me siento joven -dice ella y le sonríe “y con vos y ante tus ojos tan amados me siento tan linda de nuevo. Tan viva...me entra una coquetería.” se arregla el pelo. Sos linda, sos lindo...se dicen.

Estás guapo.

Pero por supuesto que ella no dijo lo que de verdad quería decir, solo lo pensaba para sí. Y entonces cerraba los ojitos y entreabría la boca invitadora.... Y pensaba en su escote, su pelo, la humedad que desde hacía rato le cosquilleaba entre las piernas , un primer trago y aquel “salud” de nuevo “por nosotros” y la risa y un beso perfumado y hondo, espeso de deseo.

Silencio.

Cuando no hay nada que decir, las pausas son largas pero están llenas.

Fue cuando ella decidió besarle a él los ojos. Siempre le gustó hacer eso con los ojos amados.
Un beso en la boca es pasión, es lugar común. Pero un beso en los ojos: eso es otro asunto. Es la entrega. Silencio.


-¿Decime vos...quién nos mete en estas cosas?-

- Risas nerviosas. Cómplices.
Y era octubre y la tarde amarilla. Cosa rara en esa ciudad húmeda y resbalosa. “Me trajiste el sol, amor, sos el sol,” y ella no se atrevía a decírselo. Tampoco eso.

“No te quiero atrapar, no te quiero poseer. Sos libre. Te quiero así. Quiero quererte así. Sin pertenencias.

Pero solo se lo decía con la mirada.
“Ansío ser de nuevo tuya. “Pero tampoco se lo decía. Le sonaba tan cursi.

Un abrazo corto llevó a uno largo, uno largo se devolvió al corto. Las manos ansiosas por descubrir más y más entre tanto dolor y cicatríz, recorriendo con las yemas tantos años. Fue cuando él le besó la nuca con ternura y ella se levantó el pelo para entregársela.
Las parejas parejas tienen sus rituales y son únicos. Los labios viejos conocen sus caminos preferidos. Nunca los olvidan.

Acá empezó a hacerse insostenible el escenario. Las sillas de cuatro patas arrastrándose en tres y en dos para atraer los dos pares de muslos, el tapete de la mesa en desorden, las copas olvidadas, una que se vuelca, el primer reguero...fue cuando a ella se le cayó una sandalia y hubo de nuevo risa y él se agachó para acariciarle el pie , un dedo, luego otro, uno a uno, otro a otro y más como teclas de un piano recién despierto...y fue la delicia y el gato quiso participar cuando le acariciaba los rincones escondidos entre los dedos.

-Vamos arriba? - Se atrevió (ella) mientras alejaba al gato con el pie, celosa de la interrupción , él asintió sin palabras levantándose y levantando los anteojos para verle hasta los huesos.

No podía ver mucho sin ellos. Ambos se reían de nuevo como adolescentes nerviosos.

El viaje por las escaleras de piedra fue eterno. No encontraban como acomodarse, si uno adelante y la otra atrás. Si la que iba detrás era la guía por ser su casa. Y por entre los barrotes de hierro de las ventanas se metía el sol, ahora arco iris traspasando las botellas de colores, los adornitos de cristal, los móviles de espejitos y los recuerdos colocados con tanta ternura en todas partes.

Ahí ella le mostró su cuarto. El sol del vitral reflejaba los colores.
-Aquí mismo murió él. -
Silencio.

Fue cuando él cambió de tema
- - Voy por el vino- y la dejó sola.

Entonces ella se plantó frente al espejo. Se miró felíz, bella, esponjada. Cerró los ojos, se levantó el pelo para acariciarse la nuca recién besada . Siempre le gustó ser abrazada por detrás. La emoción de la sorpresa. Allí lo esperó.
El sabía qué hacer. Tenía todo el tiempo del mundo.
Colocó despacio la botella y las copas en la mesa de noche de la izquierda, puso música y muy quedito, se dirigió al baño donde ella, con los ojos cerrados, espectantante, lo soñaba.
-
Primero la espalda. Fueron pájaros sus manos levantando el vuelo de la blusa , el broche que le sostenía los pechos . Fueron sus manos pinceles alados dibujando mariposas en esa piel tan conocida, fueron sus manos dichosas . Fue el espejo testigo .
Ella se rindió, se soltó y se dejó fluir.

Ya no hubo sol, ni octubre ni tarde que detuviera la canción que trasladaron hasta su cama de telarañas. Grande y vacía desde hacía tantos meses.

-¿ por qué viniste hoy-?

-Porque quería regalarme esta tarde solo para mi- dijo él

Pues el regalo ha sido para mi.

-¿ por qué estás aquí conmigo?- insistió ella buscando que el verbo amar se asomara en la respuesta.

-Porque quiero estar aquí. ¿No te dije una vez que toda la vida íbamos a estar juntos?
¿ ves?-ahora fue ella la que se sorprendió porque sí lo recordaba.

-¿ sabés?Con vos me siento linda, me siento joven.-
Cantó ella mientras le acariciaba el pecho a él.

-Sos linda. Sos joven. Sos preciosa.- Le respondía el hombre entrecortando palabras y besos.

Risas.


No hubo llamadas, no entraron e-mails por varios días.
Pero nada la detuvo. Sus horas se habían adornado de nuevo con la ilusión del amor.
Estaba claro que era así. Que no podía ser de otra manera.
La vida les trajo rutinas y horarios que cumplir. Ella de él no supo más hasta que ,colocando sus cuadros en la feria de arte, él se acercó , de nuevo de sorpresa y por detrás, a saludarla y le presentó a la otra. Ella ni se interesó en el evento, sólo podía alegrarse de verlo. No le molestó conocerla.- El me ha hablado mucho de vos,-le comentó con una sonrisa cálida la elegida.

En medio del barullo del gentío, hubo siempre tiempo para las miradas, las risas cómplices y los abrazos. Nada había cambiado.

-¿ No era así? Vernos, una vez al mes. ¿ sin compromisos?-

El le compró a su novia un marcador de libros con un lazo rojo. Pagó y se despidió.

Silencio. Solo Silencio.

Y la imagen de la pareja de la mano , de noche caminando por entre los toldos de la feria.
“¿Una vez al mes?¿ Solo eso?”

Fue cuando volvió la lágrima. Era octubre todavía cuando comenzó a llover.



Este es un cuento que me contaron hace ya tres años
y que hoy con tanto aguacero recordé

20 comentarios:

Anónimo dijo...

La historia me gusta, pasión contenida y permanente, el riesgo, la adrenalina, los recuerdos... pero el triángulo... no sé, nunca lo he aceptado en mi pensamiento, quizás por sus consecuencias... solamente en Trigonometría lo he disfrutado. Y no estoy juzgando ni haciendo cátedra de moral. Inevitablemente los recuerdos afloran y hacen reflexionar una vez más sobre el mismo tema, verlo desde otro ángulo más. Polémico el asunto... es la vida misma.

Julia Ardón dijo...

por eso el final con lluvia-lágrimas

Anónimo dijo...

Parece que llueve.

Voy a limpiarme el alma
-gota a gota-
hasta olvidarte.

O reencontrarte.

Julia Ardón dijo...

Cada encuentro nos trae viejos encuentros. Yo creo que todo no es más que una repetición de círculos que vienen y van y en eso queda una siempre toda mareada. Pero pasa, como todo, como la ciruela pasa.

Adrián Solís Rojas dijo...

Muy buena la historia. Muy buena

Pero el triángulo... algo complicado.

Son tres que terminan con los ojos gachos. Uno y Dos porque saben y Tres porque no sabe (o sí sabe pero finge, o sí sabe y no puede irse).

no es moralidad, es porque odio hacer llorar a alguien por mi culpa.

Anónimo dijo...

Lo lei y lo grabe...
A ve como hare para hacertelo pasar con mi voz...

Anónimo dijo...

Brindo por aquellos que os han ganado
por los perdedores que os han perdido
y por los triunfadores que os tendrán.

Te echaría de menos aunque no te conociera

Caro dijo...

En ese momento el triágulo fue lo de menos...
Eran ellos dos en su "una vez al mes" y estoy segura que no había nada en el mundo que pudiera cambiar eso.
Era un momento de ellos y para ellos. Por el triángulo se preocupaban después. Está bien que no es lindo, ni bueno, ni siquiera saludable, pero ya estaban ahí, ahora solo tenían que ver como sobrellevarlo.
Esas situaciones triangulares son feas e incómodas, pero por lo menos algo tiene de bueno, la gente aprende de ellas...

Me encantó el cuento, por un momento me sentí yo ahí, como un fantasma o como ella, por que no. Sintiendo como me besaban el cuello...

Julia Ardón dijo...

"Cualquier amor es escencia, es verdad,
cualquier humano es el más importante
cualquier momento: la ansiada eternidad"

Anónimo dijo...

Me fascina esta frase: Se miró felíz, bella, esponjada.
Bello, Ju

Sandra Argúello

Anónimo dijo...

Ninguna historia de amor es igual. No importa lo que dure, cuando sucede ES, no importa lo que ocurra alrededor o los tejidos que les circunden. Cuando dos amantes se encuentra ES.
Solo ES.
Y eso es la VERDAD.

Anónimo dijo...

Acaso los sentimientos ajenos son para juzgar, para aprobar o desaprobar? para decir: es correcto, no es correcto. Yo no lo haría?
Estamos tan acostumbrados a juzgar...lo cierto es que el amor solo es y es un misterio que nadie sabe de dónde viene ni para donde va y quien nunca ha hecho una locura por amor, no ha vivido, o se ha reprimido mucho y está lleno de amargura, aberraciones y dolor.

Que nadie le quite los bailado a quienes se atreven!

Me gustan ella y me gusta él.
Mis respetos.

Anónimo dijo...

Bueno, hablé (escribí) y ahora me siento algo aludido por algunas voces. Fíjense que aclaré que no juzgo, porque he sacado de mi pensamiento y mi actuación la acción de juzgar de una manera consciente, sabiendo todo lo que eso implica, no desde el punto de vista religioso sino filosófico y práctico. En cuanto a las pasiones... pues son eso... pasiones. Erupciones incontenibles de nuestros sentimientos y siempre tienen un lado hermoso, cautivador, las disfruto. Sin embargo desde muy, muy joven desterré (evité) los triángulos por un principio elemental: no puedo fomentar mi felicidad a costa de tercero(a)s. Por definición, en un triángulo siempre hay alguien herido, maltratado, muchas veces solamente por estar en el lugar equivocado y en el momento equivocado. A veces las lesiones son para los tres lados. Repito, no estoy condenando, triángulos han habido, hay y seguirán habiendo... y gustos hay montones. Es cuestión de escoger y eso fue lo que escogí... conscientemente y sabiendo lo que me perdía. Y está muy lejos de mis intenciones crear algún sentimiento de culpa en alguien que esté en desacuerdo conmigo, respeto cualquier otra idea y actitud.

Anónimo dijo...

Es cierto... será por lo de las puntas o qué sé yo, pero el triángulo hiere y más cuando se convierte en cuadrado.
No sé quién le contó esa historia a Julia, pero sea de quien sea, es mía... con una esquina más y lo único que puedo decir es que al leerla no recuerdo el sufrimiento sino que añoro el momento.

Julia Ardón dijo...

deberíamos redondear los bordes, hacer todo már circular y generoso.
¿ qué tal si hacemos una ronda?

Anónimo dijo...

Yo me apunto!!!!!

En esos asuntos a veces es mejor ser generoso y compartir. O mejor dicho, vivir lo que le toca a cada uno de cada momento y mientras se pueda.

Porque a veces el amor dura lo que dura. Y a veces dura lo que dura un aguacero.

Julia Ardón dijo...

...o un arco iris, sin cofre de oro en ninguna parte...o quizá sí "at the end"

Anónimo dijo...

el solo hecho de poder enamorarse y apasionarse es EL cofre de oro.

Anónimo dijo...

¡Genial! Ya somos tres para la ronda...
Julia: gracias por compartir esta historia con nosotros, es tan lindo sacar todos esos sentimientos que el ruido diario va acallando.

Julia Ardón dijo...

Me alegran mucho las conclusiones, que no sean de dolor, sino de esperanza...que todos y todas aprendamos lecciones...hay tanto por delante: y podría ser tan sencillo, tan tranquilo, tan hermoso...¿ por qué nos imponemos tantas cadenas?
qué tontos y qué tontas somos a veces..¿ verdad?