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7.23.2007

Cabanga, Prozac y Alcoholismo en grado de desahucio.


Tengo el bar lleno de botellas. Nunca las abro. Solo en las fiestas y hace días no hay fiestas en esta casa. Muchas reuniones sí, algunas cálidas y bonitas, pero eso que se dice fiestas, pachangas, chilinguis...las buenas se fueron con él. Es la verdad. Quién lo probó la sabe y sabe que es cierto. El era el anfitrión, el repartidor de elixires y anécdotas, a él le hacían rueda...yo observaba orgullosa y degustaba la miel de sus abrazos cuando pasándole una boca me rozaba el final de la espalda, la nuca, me besaba la oreja...aún pese a las angustias de los tantos whiskys que sin pudor él integraba a su portentosa corporeidad morena.

Eran tiempos de risas, de esporádicos tufillos a mota entre amigos y amigas. El era popular. Nunca hubo duda.

El bar ahora está más solo...menos cristales con líquidos misteriosos, muchos menos...pero quedan algunos...hasta un sake que una vez le trajo Yashi de Japón. Ese mo me tienta. Todavía.

Ayer , pensando en eso y dado el temporal de mis emociones, pensé en un cognac. La copa adecuada estaba rota. La boté, porque servirse en ella...ni que fuera yo el abuelo del hijo de Luis Miguel...tampoco la violencia...para sangres la regla y sus migrañas que estos días sí han hecho fiesta conmigo, la tos, los mocos y la depre....entonces en una de vino, un poco de cognac. Denso. Seco, potente. Distinto. Pareció un beso nuevo. Una de esas cosas que no entendés si te gustan o no. Que querés volver a probar para ver qué fue aquello....un poco más, pero no tanto...pudo más la necesidad del té expectorante de Mondaisa, dada la humedad y las ganas de dormir bien.

De la mezcla al sueño, y del sueño a la pesadilla.

Una guerra. Yo de pilota de un avión sin carrocería, una especie de go-kart gigante y volador del que me guindaban las piernas, amarradas mis ingles a un arnés curioso y abajo el vacío, con el miedo que le tengo a las alturas. Una guerra como de videogame...y yo de pilota....mis tripulantes, familias completas que se tenían que tirar en paracaídas en medio de un terreno selvático y minado de enemigos que disparaban a mansalva....y yo sabiendo que tirándose el último, tenía que ver cómo dejaba también yo aquella aeronave como de mujer maravilla para tirarme , con aquel pavor.
Mis peores pesadillas vienen de alturas, de precipicios, de caídas...

La noche fatal. Amanecí cansada, agradeciendo la mañana.

No dormí bien.

Y para ir trabajando en el desahucio, hoy se fueron sus tumbadoras. Las vendimos. Dejaron un hueco en la sala. Me las compró Tapado para la academia. Me alegra que sus manos bailarinas, las mismas que a él le enseñaron algunos rudimentos del arte de la música y los cueros, enseñen a otras manos ansiosas y contentas cómo echar a volar sentimientos y emociones....pero no quise ver cuando Carlos Luis y Cipriano se las llevaban. Confieso que lo sufrí. Esto de seguir despidiéndose poco a poco de una vida que fue hermosa y que ya no es sigue siendo duro. Bastante. Las cosas cargan mucho. Mucho. Tienen más valor del que nos imaginamos.

Por la tarde, vino Sary y mientras ella tomaba café me cambié al oporto. Rico. Muy rico. Pero no pude con más de una copa. No me acostumbro, aunque quiera, al desenfreno.
Me he emborrachado quizá solo dos veces en la vida.
Nunca más he podido , aunque haya querido.

Voy a ir a entrarle ahora que llueve por fuera y que este llanto interior no se acaba tampoco, al Vodka Smirnoff con sabor a Frambuesa que trajo Luis Carlos en diciembre del año ante-pasado....todo sea que cuando se venda las casa y nos pasemos, al fin: haya menos que empacar.

Sería el colmo que tuviera que empacar también las botellas! cajas de botellas empolvadas para re-comenzar....? no me suena.
Sin él ni el bar tiene sentido.¿ Me alcanzará para alquilar una casa con bar y terraza y sitio para las botellas? ¿ con parrilla para la carne además? No lo creo.

A falta de medicina y ante el desafuero de la cabanga, Gaby me recomienda la orinoterapia. No he podido todavía. Quizá me atreva. Es barato y tentador. He estado pensando en el prozac. Una vez lo probé para hacer dieta y pude con aquello , bajé 20 libras y paré de tomarlo...no tuve problema...porque lo hice mientras andaba de viaje con él por España. Fue fácil, y había manzanilla con aceitunas y jamón de pata negra...

Hoy queda lluvia, nostalgia, historias, licores curiosos, un bar empolvado y la casa cada vez más vacía y sin sentido.

Me están quedando los dedos tristes de escribir.

Hace días no sueño con él. ¿ será eso?

Julia