Annie Leibovitz (American, b. 1949). Susan at the House on Hedges Lane, 1988. Photograph © Annie Leibovitz. From Annie Leibovitz: A Photographer's Life, 1990–2005Tengo varios meses de tener en mi casa la obra de Annie Leibovitz " A photographer life 1990-2005", donde la fotógrafa retrata su vida junto a Susan Sontag . La amante murió en el 2005 y luchó por años para curarse del cáncer. Cosa que no logró.
He intentado hablar del tema en varias ocasiones y no he podido.
Me conmueve mucho la historia y más las imágenes por varias razones. La primera vez que me enfrenté al cáncer fue cuando a mi mamá, de apenas 37 años le hicieron una mastectomía, que más que amputarle un pecho, le amputó toda la seguridad en su feminidad. Se inició con ello un proceso que la llevaría por tristes laberintos de los que nunca se recuperó emocionalmente, y aunque posterioremente murió del corazón ya casi a los 50, con ese cáncer yo siento que había ya comenzado a morir desde joven. Luego me tocó participar de la experiencia del cáncer de páncreas con metástasis en el hígado de mi marido durante un año. Esto lo viví más de cerca y de manera más conciente, totalmente involucrada en todos los procesos...fue algo muy intenso. Terminé conviviendo con esa enfermedad y conozco muy bien cómo se desarrolla.
Es por ello que , si bien siendo yo misma fotógrafa y puedo admirar las fotos maravillosas del libro, es el encuentro con la mirada amorosa de quien asiste a la muerte del ser amado con quien me siento una. Es con eso con lo que más me identifico. No con mi oficio, sino con mi humanidad. Puedo sentir a Susan a través de los ojos de Annie, y Susan se me convierte a veces en mi propia madre o en mi querido Víctor. No me impone mi corazón ninguna barrera de género ni de filiación. Es el cuerpo de una persona amada. Quizá la más. Que sean dos mujeres, que sean lesbianas...¿ tiene alguna importancia más allá de lo circunstancial? Se trata de Amor. Solo eso y Todo eso.
Es difícil enfrentarlo, pero el libro me atrapa de manera magnética cuando lo veo. Un día de estos un amigo me decía que teniendo libros tan buenos de fotografía yo en la casa, por qué no los hojeaba más para inspirarme en mi trabajo, que eso es legítimo. Que no sienta que es para copiar, que yo tengo que estudiar más. Creo que es cierto. Pero cuando me decía eso yo pensaba en este libro. Ninguna obra de todas las que tengo en mi casa ( hablo de libros de fotos) me llama tanto la atención y me jala tanto como esta. Pero es inevitable llorar en cuanto lo abro. A mi me parece profundo, sublime, delicado, y muchas veces me pregunto por qué me negué a tomarle fotos a Víctor enfermo y me resisto a ver un video donde ya aparece debilitado. Dudo si hice lo correcto. Siento que de manera equivocada me dejé aprisionar por un pudor impuesto desde afuera. Me salvaron , eso sí, muchas cartas que le escribí y que he ido subiendo despacito, quizá demasiado despacito, a un blog titulado "Los Días del Hospital". Es mi mirada sobre lo que a él le pasaba. Esta vez no con imágenes, sino con palabras. Mi homenaje a su lucha por la vida.
Recuerdo que en el paréntesis que hubo de cuando creíamos se estaba curando y cuando el cáncer volvió ( varios meses) le di el librito y él me dijo. "Todavía no, Juli...no lo quiero leer".
Luego un día lo hizo y lloró mucho. Me abrazó fuerte y me dijo "espero que lo peor haya pasado".
Meses después la cosa se puso más dura, salimos corriendo para Houston buscando un milagro y lo trajimos de vuelta a casa con un rayito desteñido de ilusión que duró muy pocos días.
Murió como un mes después...una mañana soleada de agosto, pasaditas las 9 de la mañana, en un cuartito azul como el de Frida Khalo, como él quería, con las cuatro estaciones de Vivaldi cantándole al oído desde un florero con girasoles y la gata restregando su pelambre entre las cajitas de la bandeja con medicina para el dolor.
Esas imágenes , capturadas por mi retina, como su último suspiro, sus ojos abiertos y en paz, nunca quedaron en ninguna película. Tampoco la sensación nueva de su cuerpo tibio enfriándose poco a poco. La ropa aplanchada y nuevecita con que lo vestimos con esmero, los zapatos nuevos, la faja, hasta los anteojos que le pusimos y que luego su hijo mayor sacó de la caja antes de la incineración. ¿ Qué somos? ¿ Qué fuimos?
Hay mucho por entender todavía. Voces que me aclaran cosas desde diferentes lugares y espacios, desde el territorio de los sueños, desde los recuerdos de otras personas. Desde el olor del abrazo o la textura del pelo de alguien...Es curioso. Todo muy curioso.
La foto que llevo en la cartera es de antes de que se enfermara. Es como quiero recordarlo. ¿ Será por eso que me mueven tanto las fotos de Susan? ¿ Me recuerdan a mi madre con su vestido de flores lilas sobre la fría camilla de acero inoxidable de la morgue del Hospital México? ¿ las huellas del esparadrapo en su rostro que apenas me atreví a besar en la frente sin entender qué pasaba?
Esta obra de Leibovitz, famosa por sus glamorosas fotos para Vanity Fair, ha sido calificada por bastantes personas como repugnante , innecesaria o de "autobombo". A mi en cambio me conmueve mucho y siento que hay que ser muy valiente para desnudarse de cuerpo y alma de esa manera. Como yo no me atreví.
Muchas cosas son así, dependen del cristal con que una las mire, y en asunto de arte, todo es tan pero tan subjetivo...
Hoy leo este comentario en el suplemento Radar del Diario Página 12 de Buenos Aires y no puedo menos que sentirme totalmente idenficada con lo que plantea. En el sitio de la Editorial Barnes & Noble se pueden ver algunas de las fotos.




