
Con una hermosa pintura de Remedios Varo como ilustración ( se llama "la despedida") , viene Matrisuska hoy y me hace llorar con una historia de viudas. El relato se titula:
¿ Prohibido? y estruja el corazón.
Me hizo recordar varias cosas de mi propia vida y de la gente que he amado. En el pasado estas cosas eran muy usuales. Espero que cada vez menos. La gente tiene que aprender a respetarse más...y no hablo del respeto a la familia, la propiedad privada y el estado, sino a los sentimientos y emociones ajenas, aunque a veces nos molesten o hagan "ruido" en nuestro nido personal. Tampoco nadie tiene derecho a juzgar. Cada vida es un mundo, y el corazón, dicen, tiene razones que la razón desconoce.
Conozco a una mujer que le pasó lo mismo, y sí decidió ir al funeral, en la última fila, calladita, lo lloró, porque nadie más que él, a su manera, la amó con tanta devoción, pese a su situación.
5.03.2007
Despedirse en público
2.10.2007
Nuevo Capítulo en El Cuento de Daniel
Acabo de subir, mientras Fito canta conmigo, un nuevo capítulo a El Cuento de Daniel. Este especialmente ha estado cargado de imágenes recurrentes. De esas que te llenan la panza de abejas... Voy despacio porque este es un trabajo que he ido re-escribiendo, poco a poco, y no ha sido fácil la tarea, porque aunque la novelita es ficción, tiene algunas partes autobiográficas, reconstruidas a partir de cosas que ha guardado por años mi corazón.
A quien no se ha asomado, debe recordar que hay que leer de atrás para adelante. Los posts más viejos son el inicio y así... en el índice están acomodados como debe ser.
Se los dejo entonces , por allá.
( quité la canción porque no sabía como apagarla para que no sonara...gracias Esteban , por avisarme, es que mi compu tiene jodido el sonido y entonces vuelo con esto por instrumentos)
9.09.2006
Una vez al mes
-No. Si así es la cosa- le dijo-. Si te viera una vez al mes...si fuera nuestro “un día al mes” sería completa y felíz…porque a vos te veo tan permanente, tan dentro de mi corazón y a lo largo de tantos años ya, que entonces, el tiempo es relativo.
-¿ Una vez al mes? Solamente, amor...¿ tan poco?-contestó él.
-Es que tengo tanto que hacer, que la verdad así sería mejor. No te sintás presionado, esto tiene que fluir, fluir...no ves...hagámonos agua, amor, acomodémonos...¿ no ves que ya no somos chiquillos? ¿ que la vida nos ha convertido en otra cosa?- insistía ella con voz suavecita. Y la alegría se le saltó a él por encima de los anteojos. Tanta y tan alborotada que el abrazo se los botó y no les importó que se pudieran quebrar. Corrieron las sillas hasta dejarlas una frente a la otra, los brazos iniciaron la danza de los abrazos y las manos entre los cabellos, y los besos y la urgencia...
El sol habitaba la terraza también. Una tarde así en octubre, cuando lo usual en ese mes es el aguacero, era un lujo para el encuentro.
Era la casa de ella.
Allí había llegado él de sorpresa.
Fueron más de veinte años de espera. Todo el tiempo que ella había estado con otro.
El visitante inesperado le contaba de su nuevo amor, de su trabajo, de sus proyectos y sus ilusiones y de lo bien que se sentía con la otra. ( la oficial) .
Una cosa llevó a la otra, y hablando de amores ajenos se despertó el deseo. Aquello les ocurría siempre que se veían. Pasaban los años, pasaba la vida y el deseo no pasaba. ¿ O era amor? ¿ era eso el amor y lo demás otra cosa?
Ni él ni ella lo sabían. Solo era una llamita interna que les quemaba fogosa las entrañas en cuanto se veían. Empezaba con sonrisas, seguía con risas, chistes tontos, majaderías conocidas, se les colaba reptante entre los dedos mientras hablaban de lo terrible de la guerra de Irak y la política de Bush, del desorden de país que habitaban, de los hijos, de los nietos, de las travesuras compartidas del pasado...
-¿ te acordás cuando me pasaba a dormir con vos? Y mami no se daba cuenta.?- : se atrevía ella a recordar. -Yo me quedaba helado, él le contestaba y eso les provocaba risa.
-! Me daba tanto miedo!...pues no se notaba, siempre me recibías caliente...
- ¿ Te acordás cuando fuimos a Jacó y aquel ceviche se nos descompuso, que olía tan horrible y perfumaba el carro? -
- -.Sí.¡.Qué estúpidos!…acompañando ahora las palabras con sonoras carcajadas .
- Y aquel bar en La Habana? la botella de vino blanco búlgaro… la etiqueta la guardé ¿ sabés? Pero un día de furia la boté, la boté junto con todos los recuerdos, y las fotos.- ..Agregaba ella apretándole los muslos mientras interrumpía el silencio para dejar paso a la nostalgia.
- Me parece ayer ver todo irse junto a la basura del baño.¡ Qué tonteras que hacemos.!-..y de nuevo las risas...pero era octubre , un octubre extrañamente asoleado a las cuatro de la tarde
- -¿ cuántos años son los que cumplís? -
-Son 48. Estoy viejo y panzón. -Yo no! dice ella metiendo la panza generosa. Más risas.
-¿ querés un café? ¿ un té?-
-No. Quiero un vino. –
Miradas que se cruzan y todo lo entienden. De nuevo las palabras sobran.
El saca las copas. Ya sabe dónde están. Ella trae un Carmen Pinot Noir, su preferido. El corcho está pegado de esperar. No colabora. Por suerte está él que es tan macho y tan sabio y tan ducho en estas lides y tan… tan para ayudarle. Insiste y le pide la botella. Ella ahora duda. Que no se ponga en entredicho su calidad de anfitriona, su experiencia ...su...su....y las manos se encuentran acariciando la evocadora forma de la botella. El corcho sale y es el alivio ; de nuevo la risa. El lo sirve y se pone grave:
-me siento cansado –
Silencio.
No se ha vertido el vino en las copas y ya están borrachos de verse los dos.
- Yo me siento joven -dice ella y le sonríe “y con vos y ante tus ojos tan amados me siento tan linda de nuevo. Tan viva...me entra una coquetería.” se arregla el pelo. Sos linda, sos lindo...se dicen.
Estás guapo.
Pero por supuesto que ella no dijo lo que de verdad quería decir, solo lo pensaba para sí. Y entonces cerraba los ojitos y entreabría la boca invitadora.... Y pensaba en su escote, su pelo, la humedad que desde hacía rato le cosquilleaba entre las piernas , un primer trago y aquel “salud” de nuevo “por nosotros” y la risa y un beso perfumado y hondo, espeso de deseo.
Silencio.
Cuando no hay nada que decir, las pausas son largas pero están llenas.
Fue cuando ella decidió besarle a él los ojos. Siempre le gustó hacer eso con los ojos amados.
Un beso en la boca es pasión, es lugar común. Pero un beso en los ojos: eso es otro asunto. Es la entrega. Silencio.
-¿Decime vos...quién nos mete en estas cosas?-
- Risas nerviosas. Cómplices.
Y era octubre y la tarde amarilla. Cosa rara en esa ciudad húmeda y resbalosa. “Me trajiste el sol, amor, sos el sol,” y ella no se atrevía a decírselo. Tampoco eso.
“No te quiero atrapar, no te quiero poseer. Sos libre. Te quiero así. Quiero quererte así. Sin pertenencias.
Pero solo se lo decía con la mirada.
“Ansío ser de nuevo tuya. “Pero tampoco se lo decía. Le sonaba tan cursi.
Un abrazo corto llevó a uno largo, uno largo se devolvió al corto. Las manos ansiosas por descubrir más y más entre tanto dolor y cicatríz, recorriendo con las yemas tantos años. Fue cuando él le besó la nuca con ternura y ella se levantó el pelo para entregársela.
Las parejas parejas tienen sus rituales y son únicos. Los labios viejos conocen sus caminos preferidos. Nunca los olvidan.
Acá empezó a hacerse insostenible el escenario. Las sillas de cuatro patas arrastrándose en tres y en dos para atraer los dos pares de muslos, el tapete de la mesa en desorden, las copas olvidadas, una que se vuelca, el primer reguero...fue cuando a ella se le cayó una sandalia y hubo de nuevo risa y él se agachó para acariciarle el pie , un dedo, luego otro, uno a uno, otro a otro y más como teclas de un piano recién despierto...y fue la delicia y el gato quiso participar cuando le acariciaba los rincones escondidos entre los dedos.
-Vamos arriba? - Se atrevió (ella) mientras alejaba al gato con el pie, celosa de la interrupción , él asintió sin palabras levantándose y levantando los anteojos para verle hasta los huesos.
No podía ver mucho sin ellos. Ambos se reían de nuevo como adolescentes nerviosos.
El viaje por las escaleras de piedra fue eterno. No encontraban como acomodarse, si uno adelante y la otra atrás. Si la que iba detrás era la guía por ser su casa. Y por entre los barrotes de hierro de las ventanas se metía el sol, ahora arco iris traspasando las botellas de colores, los adornitos de cristal, los móviles de espejitos y los recuerdos colocados con tanta ternura en todas partes.
Ahí ella le mostró su cuarto. El sol del vitral reflejaba los colores.
-Aquí mismo murió él. -
Silencio.
Fue cuando él cambió de tema
- - Voy por el vino- y la dejó sola.
Entonces ella se plantó frente al espejo. Se miró felíz, bella, esponjada. Cerró los ojos, se levantó el pelo para acariciarse la nuca recién besada . Siempre le gustó ser abrazada por detrás. La emoción de la sorpresa. Allí lo esperó.
El sabía qué hacer. Tenía todo el tiempo del mundo.
Colocó despacio la botella y las copas en la mesa de noche de la izquierda, puso música y muy quedito, se dirigió al baño donde ella, con los ojos cerrados, espectantante, lo soñaba.
-
Primero la espalda. Fueron pájaros sus manos levantando el vuelo de la blusa , el broche que le sostenía los pechos . Fueron sus manos pinceles alados dibujando mariposas en esa piel tan conocida, fueron sus manos dichosas . Fue el espejo testigo .
Ella se rindió, se soltó y se dejó fluir.
Ya no hubo sol, ni octubre ni tarde que detuviera la canción que trasladaron hasta su cama de telarañas. Grande y vacía desde hacía tantos meses.
-¿ por qué viniste hoy-?
-Porque quería regalarme esta tarde solo para mi- dijo él
Pues el regalo ha sido para mi.
-¿ por qué estás aquí conmigo?- insistió ella buscando que el verbo amar se asomara en la respuesta.
-Porque quiero estar aquí. ¿No te dije una vez que toda la vida íbamos a estar juntos?
¿ ves?-ahora fue ella la que se sorprendió porque sí lo recordaba.
-¿ sabés?Con vos me siento linda, me siento joven.-
Cantó ella mientras le acariciaba el pecho a él.
-Sos linda. Sos joven. Sos preciosa.- Le respondía el hombre entrecortando palabras y besos.
Risas.
No hubo llamadas, no entraron e-mails por varios días.
Pero nada la detuvo. Sus horas se habían adornado de nuevo con la ilusión del amor.
Estaba claro que era así. Que no podía ser de otra manera.
La vida les trajo rutinas y horarios que cumplir. Ella de él no supo más hasta que ,colocando sus cuadros en la feria de arte, él se acercó , de nuevo de sorpresa y por detrás, a saludarla y le presentó a la otra. Ella ni se interesó en el evento, sólo podía alegrarse de verlo. No le molestó conocerla.- El me ha hablado mucho de vos,-le comentó con una sonrisa cálida la elegida.
En medio del barullo del gentío, hubo siempre tiempo para las miradas, las risas cómplices y los abrazos. Nada había cambiado.
-¿ No era así? Vernos, una vez al mes. ¿ sin compromisos?-
El le compró a su novia un marcador de libros con un lazo rojo. Pagó y se despidió.
Silencio. Solo Silencio.
Y la imagen de la pareja de la mano , de noche caminando por entre los toldos de la feria.
“¿Una vez al mes?¿ Solo eso?”
Fue cuando volvió la lágrima. Era octubre todavía cuando comenzó a llover.
y que hoy con tanto aguacero recordé

