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4.04.2007

La memoria del árbol, por Eduardo Galeano


Siete mujeres se sentaron en círculo. Desde muy lejos, desde su pueblo de Momostenango, Humberto Ak'abal les había traído unas hojas secas, que él había recogido al pie de un árbol.

Cada una de las mujeres quebró una hoja, suavemente, contra el oído.

Una sintió un viento soplándole la oreja. Otra, la fronda que se hamacaba. Otra, un batir de alas de pájaros. Otra dijo que en su oreja llovía. Otra escuchó los pasos de un bichito que
corría. Otra, un eco de risas. Otra, un rumor de aplausos.

Humberto me lo contó, y yo pensé: ¿No será que las hojas muertas susurraron, al oído de las mujeres, la memoria del árbol?


Eduardo Galeano

4.03.2007

Humberto Ak´abal


Hoy cumplo ocho días de estar enamorada de las palabras de un hombre llamado Humberto.


Todo comenzó en Monteverde la semana anterior...Se me despertó , a raíz de algunas vivencias increíbles , el interés por el mundo maya.


Llegué a la casa el sábado por la noche con la maleta cargada de emociones...y una libretita de mariposas azules llena de palabras. El jueves 22 de marzo pasé todo el día escribiendo allá. Las palabras me salían sin parar...escribí mucho. Fue un día además larguísimo donde pasaron incontables cosas de todo tipo desde temprano por la mañana hasta bien entrada la noche. Yo sentí que fueron años. Dibujé también, me entraron muchas ganas de hacer muchos dibujos que todavía no he asimilado...en esas ando.


En una de las páginas del cuadernito de mariposas escribí : "A mi, ruidosa tejedora de palabras...". La frase es parte de un poema que ya subí a mi blog de poesía: Cantos y Flores. Y pensando en el asunto me acordé de un libro que Víctor, mi esposo fallecido, me trajo una vez de un viaje a Guatemala....era un libro de poesía maya que recuerdo él leía con mucho interés y que tuve entre mis manos también pero que en aquella época no me llamó la atención tanto como a él. Pero el domingo pasado, por la mañana sentí la necesidad de buscarlo y lo encontré, todo empolvado. Para mi sopresa se llama: El Tejedor de Palabras, y es del escritor Humberto Ak' abal. Desde ese día no lo suelto y lo leo despacito, atesorando cada poema con mucho cariño. Lo llevo a todas partes, anda conmigo... Hay muchísima sabiduría en cada pequeñito y aparentemente simple grupo de palabras. Es una belleza. Me tiene muy emocionada.


Recibí el regalo hace años. Estoy hablando de principios del 2000 o de 1999, año en el que Víctor viajó allá en repetidas ocasiones para pre-producir lo que yo siempre he considerado su más valioso trabajo como cineasta: una serie de comerciales para la Cerveza Gallo de Guatemala. ¿ Por qué considero más valioso ? Porque en esas piezas siento que Víctor rescató en imágenes y sonidos bellísimos mucho de la magia de Guatemala, con gran respeto por las culturas indígenas de allá y siento que de alguna manera probó que la publicidad ( en este caso para algo tan "frívolo" como vender cerveza) podía servir para algo...en este caso, devolverle a la gente en Guatemala una visión que le ayudara a comprender el valor de la extraordinaria riqueza cultural presente en su territorio, su historia y la calidad de su gente.


Esa experiencia a él lo marcó. Desde antes de esa producción Víctor ya había comenzado a enamorarse de Guatemala a partir de un viaje que hicimos juntos a Tikal. Allá lo recuerdo fascinado con todo, emocionadísmo...aprendiendo de todo, preguntándolo todo y bueno, el hallazgo del libro, luego de varias "casualidades" allá en Monteverde fue bien curioso...De hecho mi amiga Elisabeth estaba estrenando en la casa principal de su pequeño hospedaje unos almohadones hechos con una tela tradicional de Guatemala que Víctor compró para ese comercial ( la usó para filmar a una muchacha bailando con ella) y que yo tenía guardada desde entonces en mi casa y se me ocurrió regalarle a ella hace poco.


Comentándole a la misma Elisabeth, araña tejedora también de casualidades, relaciones y encuentros , acerca del descubrimiento, me comenta que otra amiga común, la escritora Magda Zavala, justo ahorita está en Guatemala. Le escribo a Magda , le cuento la anécdota y me dice que ella conoce bien al poeta personalmente, que es su amigo y que me traerá más libros de él. Maravilloso...

No sigo contando más cosas porque son muchas y todavía no las he asimilado bien, pero estoy segura poco a poco irán saliendo.

Por ahora, transcribo algunos datos biográficos del poeta, que me encontré buceando por goggle , y algunos poemitas que me han despertado muchas emociones y sentimientos.

Cuanto nos desconocemos entre nuestros pueblos centroamericanos..¿ verdad ? cuanto desconocemos de nuestras raíces, nuestras culturas ancestrales, de dónde venimos...será por eso que a veces andamos tan despistados, tan desesperanzadas?

Ah..¿ será otra casualidad que andaba yo por el bosque de Monteverde con el libro de Elena Poniatowska sobre Octavio Paz llamado "las palabras del árbol" y que la palabra Guatemala signifique " Tierra de árboles"?

No les cuento que me han invitado a ir a Copán en junio porque esa es ya otra historia, ni tampoco lo que había pasado antes porque es mucho más largo e intenso.




Julia




Acá la biografía de Humberto Ak'abal:



En Momostenango, un puñado de cabañas perdidas entre el verde milenario de la selva, en la Guatemala maya, nació Humberto Ak'bal.

Su padre se empeñó en que fuera a la escuela: estaba obsesionado con que aprendiera a escribir para que no se burlaran de él. «A quien no sabe escribir su nombre -le decía- no le tienen por hombre, sino por bestia de carga».

Humberto Ak'abal dejó la escuela a los doce años. Con un hatillo en el que había dos camisas y dos pantalones se dirigió a la capital, donde su padre le había encontrado ya un señor al que servir. Del sucio tumulto urbano, tan diferente de las soledades de su infancia, sólo una cosa le asombró: la vitrina llena de libros de La Cadena de Oro. Frente a aquellos volúmenes, abarquillados por el sol, se pasaba los ratos libres. Había una portada que le atraía especialmente: en ella un rostro se desmoronaba o se pudría. ¿Qué contará ese libro?

Llegó a soñar con él. Llegó a fantasear una historia de locos, muertos y brujos. Un día se atrevió a entrar y preguntar el precio: «Dos quetzales con cincuenta centavos», le dijo el librero.

Trabajó duro, trabajó durante meses y meses, dejó de comer, llegó a sisar a su amo, para poder reunir esa cantidad. Aquel libro fue su primer amor: se titulaba El retrato de Dorian Gray.

Con ese único libro regresó a Momostenango, Totonicapán, cuando comenzó la guerra civil; cuando comenzó la bulla, como decían en su pueblo


La familia de Humberto Ak'abal se ganaba la vida haciendo tejidos de lana de oveja que luego iban a vender a la capital. Era Humberto quien los llevaba. Comienza el viaje al amanecer. Con una antorcha hecha de resina de pino, su madre le alumbra. Cargado el aparatoso bulto sobre la espalda, tenía que cruzar un tronco de árbol sobre un abismo. Su madre le miraba cruzar desde la orilla conteniendo la respiración. Un paso en falso le habría llevado al fondo del barranco. Luego aún tenía que caminar un buen trecho hasta la parada del desvencijado autobús.
Su cojera congénita salvó a Humberto Ak'abal de ser reclutado por los militares; no le salvó de humillaciones. Si le salvó aquel primer libro que tanto miedo le daba, el del rostro desmoronándose: le descubrió la magia de las palabras, que pueden ser testimonio, revelación y conjuro

De Humberto Ak'abal, poeta maya, se acaba de editar en Carmona, al cuidado de Francisco José Cruz, Todo tiene habla, unos poemas que nos devuelven al primer día de la creación. Algunos son pura onomatopeya, la banda sonora del paraíso:
«Klis, klis, klis... / Ch'ok, ch'ok, ch'ok...», comienza «Canto de pájaros»

En otro poema, la luna «busca algún agujero / en las casas de adobes, / entra / y se sienta en el suelo». Abrimos este libro, y a nuestro lado se sienta la luna de Li Po y Borges, la luna del Popol Vuh y la que dibujan los niños. Arde una hoguera. Música de agua, música de la tierra. Todo tiene habla: susurra, canta, cuenta. Y nosotros escuchamos -tzin tzilintziín, tzin tzilintzín- con los ojos muy abiertos.



Fuente: Avizora



Y aquí varios poemas cortos del escritor, del libro Tejedor de Palabras, editado por la UNESCO, en París, en 1998:


Camino al revés


De vez en cuando

camino al revés:

es mi modo de recordar.


Si caminara sólo hacia adelante,

te podría contar

cómo es el olvido




El Cielo


Si te encaramás a un viejo ciprés

y trepás por sus ramas,

verás que la tierra

no está lejos del cielo.


En Momostenango

podrás tocarlo.



Piedras


No es que las piedras sean mudas:
sólo guardan silencio


Consejo


-Hablá con cualquiera
no vayan a pensar que sos mudo-
me dijo el abuelo.

-Eso sí: tené cuidado
que no te vuelvan otro.