
Todos los martes y los jueves viene Juana a mi casa un rato a ayudarme con la limpieza. Vive aquí cerquita.
Hace unos días vino con la sorpresa de que su hijito menor: Roberto, venía . Andaba bien contenta contando los días para su llegada.
Roberto, junto a sus hermanos Claudia ( 12) y Byron ( 10) , han vivido en León, Nicaragua, con su abuela Teresa desde que Juana ( 30) y su marido Hermógenes ( 34) se vinieron para Costa Rica a trabajar hace siete meses.
Viajaron al sur para buscar una mejor vida, porque dicen que allá no hay trabajo. Hermógenes trabajaba en agricultura, ganaba poquito...Juana se mantenía en la casa y así no se podía. Tienen ya catorce años de estar juntos.
Intentan estar acá un año, ahorrar un poco, y si Dios lo permite, dice ella, comprar unas dos vacas para poder defenderse allá, y volver junto a su chiquita y sus chiquitos.
Hace un mes vino Roberto....acá llegó con sus ojitos negros y me robó el corazón. Es un niño tan precioso! Juana andaba radiante. Lo traía a veces a mi casa. El la esperaba mientras ella me ayudaba con el trabajo.
El jueves pasado acá estuvo jugando con el gato, viendo tele...por esas cosas de la vida se me ocurrió ponerme a tomarle fotos. Me impresionaron mucho esos hermosos ojitos negros, una picardía, una chispa....Me daba mucha risa ver cómo es Roberto un niño al que no le gusta ver tele. Ve ratitos pero se aburre, prefiere jugar, moverse, correr...y por esa misma razón Juana me contaba que aquí "no se hallaba". Andaba tristón.
Hoy oigo a Juana trabajando y bajo con la ilusión de verlo y me da la noticia. "Hoy Roberto se fué. Lo mandamos con unos primos que iban para allá". Dice que desde que llegó solo llorar y llorar de que le hacían falta los hermanos, que estaba comiendo muy poco, que pedía volver. Entonces con dolor en el alma , Juana y Hermógenes lo mandaron de vuelta.
Nos quedan de consuelo las fotos de la semana pasada. Ella espera volver a verlo en diciembre. Si tiene suerte, ir para allá ahora para el Día de la Madre....Estas historias son comunes, constantes, repetidas. Es la cara verdadera de la migración. Es la realidad de miles y miles de nicaragüenses en Costa Rica, de cantidad de gentes que en todo el mundo se alejan de sus familias y de sus hijos e hijas...solo por necesidad económica. ¿ Alguien hará eso por gusto? Lo dudo. ¿ Alguien nos puede asegurar que no lo tendremos que hacer ticos y ticas nunca? Lo dudo.
Pienso en todo esto bastante acabangada yo también, porque Carlos Luis también se fue desde el sábado pasado. Anda en una excursión escolar, una caminata dura...desde Guápiles hasta Turrialba, con un grupo. Una cosa linda y educativa que incluye charlas sobre serpientes y cultivos, visitas a comunidades indígenas, mucho ejercicio y aprendizaje , que promueve su colegio y de la que espero vuelva el viernes por la noche. Y claro, la casa está bastante vacía, y yo me siento ya un poco sola. Saber que anda por ahí aunque ande en sus cosas y yo en las mías es distinto. Más que la semana antepasada estuve yo fuera por cuatro días. Ya no es mi bebé, pero igual hace falta. Y eso que sé que lo tendré acá por algunos años más y tengo esa seguridad...la que Juana no tiene.
Pero lo cierto es que hoy acá estamos este par de mamás solas y tristes, hoy sin sus hijos, de manera distinta pero de alguna manera igual compartiendo estas ausencias. Juana y Julia. Las dos con Jota en el nombre...y bueno...quería contarlo.
Y arriba, en la foto: los ojitos hermosos de Roberto, apenas el jueves pasado, llenando de luz esta casa. Hoy debe andar correteando felíz por el patio de su abuela, por las calles de su pueblo, con aquellos calorones pero enorme alegría en el corazón al pisar su tierra...y tener cerca a su hermano y a su hermana.
Juana en cambio está triste, y yo la acompaño.












