para Cruz y
para Francisco:
Durante decenas de años, por mi casa, pasaron toda clase de guerrilleros. Algunos lúcidos , humanistas y honorables, otros torteros, delincuentes y desagradables. ¿ Cómo se iba a saber en qué iban a parar con el paso del tiempo?
Un hombre blanco, serio, de ojos azules y anteojos de culo de botella que tomaba Coca Cola todo el día, fumaba y leía y leía sin parar. Luego fue involucrado en el robo de un banco ( cosa que nunca se comprobó) , lo metieron a la cárcel y de ahí un comando formado por algunos otros amigos de mi papá, lo liberó ( en el tiroteo murió un guardia costarricense) , secuestró un avión, y se lo llevó para Cuba. De Cuba volvió a su país, donde lo mataron los soldados de un delincuente mayor y más asesino: Somoza. Se trataba de Carlos Fonseca. El fundador del Frente Sandinista de Nicaragua. El papá de Tania y de Carlitos, quienes, junto a su mamá María Haydeé vivieron meses en mi casa.
Un muchacho joven y dulce -entonces- fue herido en la balacera de la cárcel de Alajuela. Le decían Puñalito. Mi mamá lo quiso mucho. Le quedaron desde entonces las manos bastante deterioradas. Hoy es uno de los hombres más ricos de Centroamérica, anda en Mercedes Benz y con chofer, es amiguísimo de Miguel Angel Rodríguez, Carlos Slim y Rafael Angel Calderón. Hace negocios por todo Centroamérica. Se trata de Humberto Ortega, que por cierto, y no porque sea muy buena gente, no tiene muy buenas relaciones que digamos con otro ex-guerrillero llamado Daniel Ortega, que de casualidad es su hermano y que nunca quizo someterse a la justicia de su país por una acusación de abuso sexual presentada por su hijastra. Bastante feo.
Por casa pasó también gente maravillosa, chilenos del MIR de Chile. Andrés Pascal Allende y su esposa Marie Anne...Comandantes sandinistas decentes, como Henry Ruiz y su novia de entonces, la escritora Gioconda Belli...además gente que creíamos maravillosa pero luego hundió su historia bajo mares de duda y confusión como el Comandante Marcial de El Salvador. Mi mamá me contó que unos que almorzaron una tarde, fueron los argentinos que mataron a Somoza...
En casa durmieron muchos gerrilleros. Conocidos y desconocidos. Gente rara y gente sana. Ticos y ticas que fueron a Nicaragua a pelear al lado de sus hermanos y hermanas nicaragüenses...de esos decenas y decenas...de todo tipo...incluso algunos que han ocupado cargos importantes en los gobiernos de algunos presidentes acusados de corrupción y otros delitos en Costa Rica.
A casa iba mucha gente que compartía la mesa y el abrazo con estos guerrilleros. Gente que en el referendo pasado defendió por la televisión el TLC. Gente que cambió.
Por casa pasaron guerrilleros que escribían poesía y vivían con los mayas en El Petén. De Guatemala recuerdo a Haydeé, una mujer noble , fuerte y bondadosa y a una macha alegre con trenzas de campesina alemana que eran de una cosa que se llamaba Ejército Guerrillero de los Pobres que usaba una bandera roja con una cara del Ché estampada, emblema al que los indígenas de allá le decían: "la bandera de la carita".
Mucha gente de todo tipo pasó por mi casa. Para todos hubo mesa, cama, abrazo y cariño. Fueron aquellos tiempos de mi infancia y juventud tiempos de solidaridad. Se arriesgaba seguridad personal por ideales y compromiso. Se concebía la vida como militancia, disciplina y sacrificio. Años 70 y 80 convulsos y complejos.
Justo ayer estábamos recordando con un amigo colombiano a la gente maravillosa del M-19. A mi papá le brillan los ojos cuando recuerda a aquellos dirigentes visionarios, soñadores y bailadores asesinados en cuanto depusieron sus armas para integrarse a la vida política civil, dejando a su país huérfano de sueños...
Hoy rescato de aquello el desprendimiento, la coherencia y el abrazo sin preguntar ni siquiera el nombre verdadero. El no juicio. El sueño de cambio compartido.
Muchos guerrilleros, unos decentes, otros no tantos, unos claros y consecuentes, otros dispersos y desordenados, unos incorruptibles, otros corrompidos....pasaron por mi casa...Fueron años de verlos entrar y salir como sombras, como luces....años de pan compartido, de todo tipo de colaboraciones. Se practicaba la solidaridad como el pan de cada día...se creía en lo que se hacía y se hacía lo que se creía.
Fuimos bendecidos, bendecidas,al vivir en un país donde el conflicto no llegó a las extremos que llegó en otros partes. Pero sé de gente torturada por la seguridad tica. Gente golpeada, gente ofendida, gente maltratada en el cuerpo y el alma. Sé de lágrimas y separaciones. Sé de familias rotas, de dolor, de sufrimiento e incluso de exilios y traiciones.
Y hoy acá estamos nosotros, mis hermanos, mis hermanas y yo misma para contarlo junto a mi papá. Nunca nos escondimos, nunca negamos lo que hacíamos....mi papá tuvo que enfrentar la justicia varias veces por aquellos asuntos. Enfrentamos cosillas colaterales como insultos por la calle, llamadas anónimas, desprecio de algunos y algunas...Eso no nos echó nunca para atrás. Ahora ya no participamos de estas cosas. Hace mucho fuimos cada uno y cada una de manera personal buscando otros caminos y otras formas para luchar por lo que creemos. Hemos cambiado...pero no nos arrepentimos de lo vivido. Fueron otros tiempos, otros tiempos donde por suerte: no había computadoras todo terreno delatoras y traicioneras ( de hule blindado además).











