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11.07.2005

Rosa Parks: civil y desobediente


Artículo de Alfonso Chase, escritor costarricense

Hace unos días murió Rosa Parks. ¿Cómo no escribir sobre ella? Para millones de personas, en todo el mundo, fue una mujer valiente, clara y definitiva en la lucha contra la segregación racial en los Estados Unidos. El Presidente Clinton le otorgó la Medalla de la Libertad en reconocimiento a su gesta de vida y Penguin Books publicó una biografía de la activista, con divulgación de millones de ejemplares a partir del año 2000.

La historia empieza hace cincuenta años, cuando el 1 de diciembre de 1955, Rosa Louise Parks se negó a ceder su asiento, en un bus, a un hombre blanco y se quedó sentada, con dignidad, elegancia y valentía, con toda la fuerza de la historia de los negros esclavos latiendo entre su sangre. El gesto de Rosa Louise recorrió el mundo, y sus palabras posteriores ya son parte de la historia de los Estados Unidos, al dar inicio a un proceso de desobediencia civil, que vino a reforzar las luchas de los antisegregacionistas en toda la nación norteamericana. Rosa se convirtió, en los días posteriores, en una paria y recibió amenazas de muerte, en la comunidad segregada en que ella vivía con sus padres. Su iglesia, la Metodista Episcopal Africana y la Iglesia Bautista, apoyaron su gesto y la erigieron en un símbolo de hidalga resistencia, que influyó para siempre en muchos otros activistas. Sus declaraciones, parcas y nobles, se pueden resumir en esas palabras que recorrieron el mundo: nosotros amamos a Jesús y estamos contra toda muestra de injusticia, en donde ella se encuentre.

Para nuestra generación Rosa Louise Parks ha sido un símbolo y siempre se le cita, y se reproduce su fotografía, inmóvil, serena, estoica, sentada para siempre en la silla del autobús. La desobediencia civil de esa mujer nacía de su visión del cristianismo africanoamericano, pero también de sus frecuentes lecturas de lo que se llamó “los filósofos del bosque”, que fueron los pensadores de Nueva Inglaterra, y las lecturas profundas de Gandhi, porque ella era una norteamericana culta, estudiosa y con una extraña serenidad ante los acontecimientos, con esa gloriosa majestad que le caracterizó siempre, junto a los humildes y los poderosos.

Algunos siempre han pensado que Rosa Louise Parks era iletrada. Pero los dos libros que dictó son joyas literarias, en los cuales la literatura oral deja testimonio de una vida consagrada a los otros, con certeros chispazos para tratar de explicar su gesto, en el cual convergen la dignidad del ser humano y el deseo, absoluto, de romper la ilegalidad de las restricciones impuestas para efectuar marchas, por la legislación estatal. Su iglesia, llamada también la Iglesia de la Libertad, fue fundamental para la formación espiritual y social de la activista y Rosa recordaba siempre los sermones, los ritmos musicales y la segregación de las iglesias blancas, las cuales erguían, ¡hace cincuenta años! que los negros no podían ser cristianos porque no tenían alma. Los escritos de Rosa Louise Parks, parcos, siempre muestran un tesoro de memoria histórica, desde la época de la esclavitud, y el testimonio de múltiples negros que escaparon al linchamiento, así como sucesos reales en donde la intransigencia de los blancos produjo el aislamiento de la comunidad afroamericana durante casi dos siglos. Nuestra heroína no creció oyendo, o bailando, el jazz o el bugibugi, sino los hermosos himnos de alabanza y liberación, presentes en La Biblia del Rey Jaime, y sí recuerda, con lucidez, la inteligencia y la sabiduría de sus maestros y otros miembros de la comunidad de Montgomery, que definieron su forma de pensar, que hizo eclosión aquel día de diciembre. Eso le sirvió para debatir, cuando fue juzgada con otros “conspiradores”, y para hablar con llaneza y eficiencia, hasta que la Suprema Corte de los Estados Unidos declaró ilegal la segregación en los buses y Rosa Parks, y los otros juzgados pudieron ser declarados libres de culpa.

La bandera de esta activista pasó luego a manos de Martin Luther King, Jr. y otros múltiples luchadores por la libertad, blancos y negros, de los Estados Unidos. Fue frecuente verla en los ahora famosos mitines. “Nosotros no nos moveremos”, entre 1956 y 1967. No fue sólo activista política, sino una mujer comprometida con ideas firmes pero no con ideologías. Su pensamiento fue el bíblico, representado en el mensaje de pueblo de Dios en Marcha, que tanto influyó en los años sesenta, pero hizo de su lema: trabajos, justicia, paz, su bandera enhiesta y fue combatida por esto, principalmente por los políticos republicanos.

Hasta su muerte fue una líder comunal, apreciaba por todos y también una especie de diaconisa de su iglesia, así como una admiradora de Malcom X, en un controversial punto de vista sobre la vida y la obra de este líder afroamericano.

Frecuentemente Parks se sentía acosada, porque había recibido amenazas de muerte y su existencia estaba señalada por activistas de derecha, que nunca le perdonaron su gesto. Con aportes de amigos dio forma al hoy famoso Instituto Parks, que es un ardiente defensor de los derechos humanos y de los más pobres, blancos y negros. En 1994 fue atacada por un delincuente común y sufrió lesiones de consideración. Como era se esperarse, terminó defendiendo al ratero. En su viaje de 1990, a los Estados Unidos, Nelson Mandela la llamó la Madre de los Derechos Civiles, a nivel universal. Rosa Louise Parks ha muerto. ¡Cómo no decir algo de su historia!

La desobediencia civil tiene en ella a un símbolo, y el mundo, por su trabajo constante, un aplauso de vida.

(La Prensa Libre)
Reproducido por Tribuna Democrática
Noviembre 07, 2005

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