por Luís Sepúlveda
(A Pelusa, Marcia y Ana)
No de rosa, camelias, orquídeas u otras yerbas
De saloncitos tristes, de casitas burguesas, de costumbres añejas
sino de yuyos peregrinos entre vientos.
Las mujeres de mi generación florecieron en las calles,
Y en las aulas argentinas, chilenas o uruguayas
supieron lo que tenían que saber
para el saber glorioso de las mujeres de mi generación.
Minifalderas en flor de los setenta.
Las mujeres de mi generación no ocultaron ni las sombras de sus muslos
que fueron los de Tania Erotizando con el mayor de los calibres
los caminos duros de la cita con la muerte
Porque las mujeres de mi generación
bebieron con ganas del vino de los vivos
acudieron a todas las llamadas y fueron dignidad en la derrota.
En los cuarteles las llamaron putas
y no las ofendieron porque venían de un bosque de sinónimos alegres:
Minas, Grelas, Percantas, Cabritas, Minones,
Gurisas, Garotas, Jevas, Zipotas, Viejas, Chavalas, Señoritas
hasta que ellas mismas escribieron la palabra Compañera
en todas las espaldas y en los muros de todos los hoteles
Porque las mujeres de mi generación nos marcaron con el fuego indeleble de sus uñas
la verdad universal de sus derechos.
Conocieron la cárcel y los golpes
Habitaron en mil patrias y en ninguna Lloraron a sus muertos
y a los míos como suyos
Dieron calor al frío y al cansancio deseos
Al agua sabor y al fuego lo orientaron por un rumbo cierto.
Las mujeres de mi generación parieron hijos eternos
Cantando Summertime les dieron teta
Fumaron marihuana en los descansos
Danzaron lo mejor del vino
y bebieron las mejores melodías
Porque las mujeres de mi generación
Nos enseñaron que la vida no se ofrece a sorbos compañeros
Sino de golpe y hasta el fondo de las consecuencias.
Fueron estudiantes, mineras, sindicalistas, obreras, artesanas,
actrices, guerrilleras, hasta madres y parejas en los ratos libres de la Resistencia.
Porque las mujeres de mi generación sólo respetaron los límites que superaban todas las fronteras. Internacionalistas del cariño
brigadistas del amor comisarias del decir te quiero
milicianas de la caricia.
Entre batalla y batalla
Las mujeres de mi generación lo dieron todo
Y dijeron que eso era apenas suficiente.
Las declararon viudas en Córdoba y en Tlatelolco
Las vistieron de negro en Puerto Montt y Sâo Paulo
Y en Santiago, Buenos Aires o Montevideo
fueron las únicas estrellas de la larga lucha clandestina.
Sus canas no son canas sino una forma de ser para el qué hacer que les espera.
Las arrugas que asoman en sus rostros dicen he reído y he llorado y volvería a hacerlo.
Las mujeres de mi generación Han ganado algunos kilos de razones que se pegan a sus cuerpos
Se mueven algo más lentas, cansadas de esperarnos en las metas.
Escriben cartas que incendian las memorias
Recuerdan aromas proscritos y los cantan.
Inventan cada día las palabras y con ellas nos empujan
Nombran las cosas y nos amueblan el mundo
Escriben verdades en la arena y las ofrendan al mar
Nos convocan y nos paren sobre la mesa dispuesta.
Ellas dicen pan, trabajo, justicia, libertad
Y la prudencia se transforma en vergüenza.
Las mujeres de mi generación son como las barricadas:
protegen y animan, dan confianza y suavizan el filo de la ira.
Las mujeres de mi generación son como un puño cerrado
que resguarda con violencia la ternura del mundo.
Las mujeres de mi generación no gritan porque ellas derrotaron al silencio.
Si algo nos marca, son ellas. La identidad del siglo son ellas.
Ellas: la fe devuelta, el valor oculto en un panfleto el beso clandestino,
el retorno a todos los derechos
Un tango en la serena soledad de un aeropuerto
un poema de Gelman escrito en una servilleta
Benedetti compartido en el planeta de un paraguas
los nombres de los amigos guardados con ramitas de lavanda
Las cartas que hacen besar al cartero
Las manos que sostienen los retratos de mis muertos
Los elementos simples de los días que aterran al tirano
La compleja arquitectura de los sueños de tus nietos.
Lo son todo y todo lo sostienen
Porque todo viene con sus pasos y nos llega y nos sorprende.
No hay soledad donde ellas miren
Ni olvido mientras ellas canten.
Intelectuales del instinto, instinto de la razón
Prueba de fuerza para el fuerte y amorosa vitamina del débil.
Así son ellas, las únicas, irrepetibles, imprescindibles sufridas,
golpeadas, negadas pero invictas Mujeres de mi generación.
Luís Sepúlveda 1999
Acabo de recibir de parte de Ara este hermoso poema que ya había leído hace tiempo y que me hace recordar tanto y de manera tan viva a mi mamá.
Ha sido un precioso regalo en este día, cuando celebro que ella, hace 43 años, y posiblemente con mucho miedo, me parió.
Cuando ya mis hermanos Manuel y Lucía habían nacido, mi mamá volvió a quedar embarazada y perdió al bebé. Pudo afectarle una septisemia terrible que Lucía, pequeñita apenas, había sufrido y que la tuvo al borde la muerte internada en el Hospital de Niños. Fue un aborto espontáneo como a los 5 meses de gestación. Era un varón que ni siquiera tuvo nunca nombre. Como dos meses después de esa pérdida fui concebida yo. Mi papá se fue a EE.UU a terminar unos cursos que le faltaban para su incorporación profesional. Mi mamá partió a acompañarlo meses después de que él se había ido, viajó sola hacia EE.UU. con mi hermano Manuel de dos años , mi hermana Lucía de poco más de uno y yo en la panza. Por eso fui a nacer en la ciudad de Atlanta y tardé diez meses en querer salir. Quizá mami tenía miedo. Tuvo que parir en un lugar lejano, frenta a médicos y personal que no conocía, que hablaban otro idioma, y no en el cálido y acogedor Hospital San Rafael de Alajuela, donde todo el mundo sabía que era la hija de Alejandro Morera y su querida esposa Julita. Aunque quizá la que tenía miedo era yo. Fui la única hija, de los cinco de la pareja, que nació lejos de casa, pero por suerte apenas tres meses después estaba volviendo al calorcito tico amarrada a un portabebé de plástico junto a mi papá, mi mamá , mi hermano Manuel y mi hermana Lucía.
Al volver, mi mamá quedó de nuevo embarazada. A ella le encantaba estar embarazada, parir para ella era orgásmico, le fascinaba dar de mamar, tenerle hijos a mi papá. Mami era pura pasión y corazón.
Fue cuando vino mi hermanita Ligia . Hoy tendría como 42 años. Vivió solamente 10 meses. Tenía unos ojos negros, negros muy profundos. Por ahí andan las fotos que la recuerdan y pocas veces las vemos en la familia. Siento que hay como miedo de verla. No sé. A mi siempre me ha intrigado mucho esa mirada congelada de ojos de mujer grande en una carita de bebé. Es una mirada tan segura, tan recta, tan honda. ...Entonces yo le nací a mami entre dos muertes...la del innombrado y prematuro bebé que nació muerto y la de la niñita que apenas duró 10 meses. Siempre me quedó grabada la historia que me contaron: un viernes se enfermó, de carrera para el hospital, sábado grave, domingo por la mañana, el corazón le creció tanto que se le rompió. Mami estaba con ella. Nunca nos dio detalles de ese día. A partir de ahí comenzaron sus lagunas mentales, sus olvidos, sus dolores por dentro. Vino un duelo complicado. Mi papá puso letreros en la casa: “prohibidas las visitas”. No hubo funeral público, hubo quizá pocos abrazos y pocas flores. Mi papá estaba muy enojado y le reclamaba a la gente que igual había que llorar por los niños de Viet-Nam muertos por el napalm que arrojaban los gringos en aquella larga guerra. Cada uno asumió su dolor como pudo y de manera distinta. Mami olvidó totalmente la fecha de nacimiento de Ligia y la fecha de su muerte, y nunca, nunca, al menos, que yo sepa, fue a visitar su tumba. No quiso hacerlo más. Papi hablaba menos del asunto. Se cerró el capítulo. Ambos entregaron alma, vida, corazón y casi todas las horas del día a la lucha política y a la solidaridad con el Frente Sandinista de Nicaragua.
Posiblemente a Manuel, a Lucía y a mi nos cuidaron los abuelos y abuelas...no recuerdo yo nada claramente, solo vagos recuerdos de mirar al cielo y decir, “vean , vean, las manitas de Ligia” que yo juraba ver salirse de una nube. Luego a Manuel le dio sarampión y mi papá tuvo otra chiquita con una muchacha que le limpiaba la oficina. El matrimonio se resquebrajó para siempre cuando mami buscó consuelo en un muchachito alumno suyo del colegio. Un tema tabú del que no se habla del todo entre algunos de los miembros de mi familia. Igual mi papá y mi mamá siguieron juntos y tuvieron dos hijos más: Camilo, que nació seis años después que yo, e Inti que se apareció de sorpresa cuatro años después y con los ojos muy parecidos a los de Ligia.
Hasta aquí yo recuerdo a mis padres como una pareja muy enamorada y muy activa sexualmente. ( yo era una niña muy curiosa que le gustaba asomarse por las rendijas y las ventanas mal cerradas) A mi hermana Ileana, nacida fuera del matrimonio de mis papás, mi papá no la llegó a reconocer y abrazar sino hasta que tenía como 14 años. La trajo a casa y mami la recibió con cariño. Nos tocó a todos asumir esa paternidad tardía. Apoyamos a papi en el esfuerzo por integrar a Ileana, que venía a su vez cargada de grandes dolores emocionales y no fue fácil, ni para ella ni para mi mamá ni para nosotros, en medio de las trifulcas políticas de aquella época, cuando papi era ya candidato a diputado. Pero antes de que llegara Ileana a nuestras vidas, ya mami había pasado por un cáncer de mama a la temprana edad de 37 años. Le hicieron mastectomía en uno de sus pechos y nunca quiso hacerse una reconstrucción porque tenía mucho miedo de volver a la sala de operaciones. Además, aquella no era una época donde eso fuera usual ni tan seguro como lo es hoy. Se ponía y quitaba todos los días una prótesis de silicona dentro de un tallador especial que traía como una bolsita y eso le daba una apariencia digamos “normal”, aunque no más llegando a la casa se lo quitaba . Mami entonces envejeció. Se le cayó mucho el pelo por la quimioterapia, se le adelantó la menopausia, le salieron muchas canas, comenzó a teñirse el pelo....emocionalmente comenzó a debilitarse, su autoestima, muy asentada en su atractivo físico se desvaneció. Empezaron las depresiones, las neurosis, los pleitos, los celos, las angustias, los gritos en casa. Papi comenzó a alejarse de ella. No supo cómo o no quiso manejar el asunto.
En esas circunstacias yo me fui para Cuba por un año entero. Cuando volví ya el hogar estaba a punto de destruirse. Papi ya no amaba a mami y mami, desesperada buscaba en toda suerte de artilugios sostener a papi en medio de muchos resentimientos y reclamos, y cada esfuerzo más bien lo alejaba más de él. Siempre digo que mi mamá, más que madre, fue, primero que nada, ni siquiera esposa, sino “la amante” de mi papá. Ella vivía y se desvivía por él. Lo amaba con pasión, locura y total entrega. Toda su vida la acomodó en función y alrededor de las necesidades e intereses de mi papá y cuando sintió que él no le correspondía se sintió más sola que nunca en la vida. Se había entregado a él total y absolutamente.
Ello no significa que los hijos e hijas quedáramos descuidados, para eso tuvimos en nuestro abuelo Alejandro un apoyo fundamental. El cariño que él nos daba, junto al de nuestras abuelas llamadas como nosotras: Julia y Lucía, fue suficiente para que creciéramos sintiéndonos amados y protegidos.
Papi ahí estaba, y de vez en cuando era cariñoso, pero siempre estaba muy ocupado, y en sus ocupaciones siempre lo acompañaba mi mamá y de vez en cuando todos nosotros en fila, como el trencito de chiquitos graciosos, rosados, gorditos y bonitos que éramos. El más llamativo era Camilo, que tenía unos colochos rubios de ángel y era francamente precioso.
¿ Cómo enmarcar esto en medio de tanta agitación política?
Ni idea....manifestaciones, cárcel, viajes, sustos, solidaridad internacional, ires y venires de gentes de toda Latinoamérica y de todas partes de Costa Rica, por mi casa, constantes viajes cortos y largos, hilos delgados entre la vida y la muerte, entre lo legal y lo prohibido, , entre el riesgo y la aventura...reuniones y congresos de partido, canciones, risas, balas, consignas, banderas rojinegras victoriosas en el 79, rojas con estrellas blancas para las elecciones, verdes y rojas para otras ocasiones....siempre el color rojo presente en todo...la verdad, bien intenso y con muchos capítulos dispersos aún que faltan por acomodar.
El matrimonio de mis papás se disolvió después. Mami sufrió hasta su último día la despedida de papi, intentó por todos los medios volverse a acercar a él, tratar de que volviera con ella, hacerle incluso difícil su nuevo matrimonio...si ella no podía ser felíz, él tampoco podía merecerlo. Lloró ríos y mares. Se hizo y deshizo muchas veces. Lo hirió, se hirió a ella misma. Nunca lo pudo aceptar y quedó destrozada cuando nació mi hermanito Cipriano, hijo de mi papá y de Xinia, su nueva esposa.
Una tarde de agosto de 1988 cuando ya estaba un poco más tranquila, cuando se acercaba lo que ella llamó “mi día de suerte”, porque le encantaba el número 8 ( 8-8-88) , se sintió mal, fue la noche del primer infarto, era viernes , estaba curándole una herida a Inti, que había sido operada de una cosa menor en esos días...el sábado grave en el hospital, cuidados intensivos y la mañana del domingo 7 de agosto de 1988 ( 7-8-88) , durante un fin de semana vertiginoso igual al de Ligia vino la muerte: se le partió el corazón en varias partes. Tuvo tres infartos en total. Uno el viernes y dos el domingo.
Fue así como nací yo entre dos muertes y muchas angustias y sustos, pero al mismo tiempo en medio de muchísima pasión. ¿ Cómo me afectó a mi lo que vivió mi mamá cuando estaba embarazada de mi, cuando me parió? ¿ Cómo me marcaron aquellos primeros años de tanto dolor? ¿ Cómo me afectó su vida y su muerte? ¿ Cómo a mis hermanos y hermanas? Tanto como a cada uno y a cada uno de nosotros, igual que a todo el mundo. Mi vida ha sido tan igual y tan especial como cualquiera y aquí estoy tratando aún de entenderla, cuando me emociona leer este poema que me manda Arabella, busco la foto de la gran sonrisa de mi mamá ( una de sus últimas) , la pego al correo electrónico y me pongo a escribir un pedacito de la vida de esta mujer que hace 43 años estaba pujando fuerte por darme a luz una mañana de aquel atribulado años 1963 en EE.UU. y de cómo tocó la mía.
Mi papá hoy está cerca y anda en Ecuador con Xinia paseando. Cipriano ya está en la universidad, estudia biología y vino a casa a almorzar un día de estos. En la tele ponen noticias de los disturbios en Quito por el TLC. El mundo sigue, y los pájaros cantan, y las nubes se levantan y posiblemente vuelva a llover.
Los Ardón Morera nos hemos multiplicado. Manuel y Patricia tienen tres hijas: América, Victoria y Libertad; Camilo tuvo con Rocío a Alejandra, y con Agnes a Camila, Celia y a Aurora; Lucía y Maco han consolidado su familia con Daniela, Alejandro y Miguel Angel, Víctor y yo tuvimos a Carlos Luis. Inti y Tapado a Emiliano. Ileana vive en Limón con Lucía, su compañera y es felíz, tanto como podemos serlo todos y todas en medio de los avatares de la vida. De vez en cuando nos vemos y nos alegra mucho estar juntos.
Mami sólo pudo conocer a Daniela, a América y a Alejandra, las mayores.
Hace 43 años esta mujer me estaba pariendo, una de la generación de las rompedoras, de las que comenzaron esta dura y hermosa transición que no ha cesado, muchas de sus banderas las llevo como estandarte en el pecho, muchos de sus dolores me duelen todavía, su alegría y entusiasmo impregnan de luz mis emprendendimientos más descabellados. De ella y por ella aprendí a brincos y a saltos, cómo amar y cómo no amar.
Una vidente catalana, a quien nunca había visto ni me conocía ni sabía nada de esta historia, vino a casa el año pasado y cuando le mostré esta foto me dijo muy segura que mi madre estaba en paz : “ con la niña, su hija, tu hermana”.




















