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4.07.2007

Semana Santa , por Leonardo Boff


Si reparamos bien, la semana santa, más allá de de su carácter religioso, representa una gran metáfora. Todo en el universo, en los procesos biológicos, humanos y biográficos se estructura en forma de dialéctica.

El primer momento es la tranquila serenidad y paz infinita de aquel puntito casi infinito de donde venimos.

De repente, sin que sepamos por qué, explota. Produce un caos inconmensurable. La evolución del universo es el proceso de crear orden en el caos. Cada ser vivo nace, se desarrolla, muere y se transfigura en el Todo. Las sociedades pasan por crisis.

Las estrellas-guía ya no responden a los nuevos desafíos. Se produce un proceso de disolución.

Cuando se define otra forma de organización social emerge un nuevo orden con otro sentido de ser.

El ser humano vive su compromiso existencial sereno y tranquilo. Y he aquí que irrumpe la crisis y todo se hunde. Se purifica, madura y crea otro orden vital. Éste a su vez, lentamente, también se desestabiliza y solamente recupera la serenidad cuando elabora otro sentido de vida o pasa para otra dimensión más allá de la muerte. En todo este proceso dialéctico hay una experiencia de vida, de muerte y de transfiguración; de orden, desorden y nuevo orden; de tesis, antítesis y síntesis. La complejidad, según E. Morin, se estructura en esta dialéctica.

Según esta visión dialéctica, la persona no fue creada para conocer un final en la muerte, sino para transfigurarse a través de la muerte. Pasa, como dirían los alquimistas medievales, por un proceso químico y entra en un orden más alto. Los cristianos llaman a esto resurrección, que no significa la reanimación de un cadáver, sino la transfiguración completa del ser humano en comunión con el Ser. Es la dialéctica de la semilla: «si el grano de trigo cae en la tierra y no muere, se queda solo, pero si muere, dará mucho fruto», como dijo el Maestro.

Hoy la naturaleza y la humanidad viven bajo un continuo viernes santo. Hay devastación y sufrimiento en demasía. El vía crucis tiene estaciones sin fin. Nuestra esperanza es que este padecimiento se ordene a una radiante transformación, a un nuevo paradigma de convivencia en el que no sea tan difícil que tratemos a los seres de la naturaleza con compasión y a nuestros próximos con humanidad y con cuidado.

Después que Cristo resucitó, tras un clamoroso fracaso personal, ya no tenemos derecho a estar tristes ni a perder la esperanza. Del caos puede venir siempre vida nueva. La historia y la saga de Jesús nos ofrecen una señal creíble.

5 comentarios:

Adrián Solís Rojas dijo...

Y en el Vaticano se atrevieron a censurar a este sabio!!!

Geisha dijo...

Yo lo que pienso a veces, y con la semana santa en España somos muy viscerales, ¿es necesaria tanta representación de la pasión y muerte?. Es bastante emocionante verlo pero todo como muy exagerado sobre todo cuando hay sangre de por medio por parte de los penitentes.

Julia Ardón dijo...

Acá no es tan así, tampoco tan fervoroso. Poca gente va a las procesiones ya.

Anónimo dijo...

Bello es él, te vi en la conferencia en la UCR.
Sandra Argüello

Julia Ardón dijo...

pues seguro me viste en la fila...porque no pude entrar....