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2.01.2008

Será que tengo que volver a Cuba ?


Un piropo,
por favor !


Por Carmen Posadas


E
scribo estas líneas sentada en un destartalado banco público de la ciudad de La Habana adonde he venido a pasar unos días. Ya saben ustedes cómo son los finales de año, a uno le da por pensar con nostalgia sobre los temas más nimios, y es precisamente uno de estos temas el que me hecho detenerme aquí cerca del Malecón. Escribo apoyada en dos ejemplares del Granma y quiero aprovechar este dulce bienestar que da el Caribe para hablarles de algo que me ronda desde hace tiempo: me refiero a la decadencia y muerte del piropo en España. Es una pena, pero es verdad; en nuestro país el requiebro está muerto y enterrado: ya puede pasar por delante de un grupo de hombres la propia Kate Moss en cuerpo glorioso, que a ninguno de esos machos se les moverá un pelo. (Huelga decir que a nosotras, simples mortales, no nos escupen de puritito milagro. Pero en fin).

En cambio, aquí y ahora, sentada en mi banco de La Habana, alimento mi desinflado ego con un montón de lisonjas de esas que la dejan a una como nueva.


Comprendo que alguien alegue, y con razón, que los latinoamericanos, como los italianos, son mucho más dados a decir cosas lindas. Pero les aseguro que al visitar Francia, Inglaterra, e incluso Rusia, he comprobado que todos practican esa vieja costumbre del halago callejero, cada uno a su manera. Los franceses, por ejemplo, lo hacen como (casi) una declaración de amor en toda la regla que a menudo comienza con un Oh! Madame. Los ingleses, más tímidos, aprovechan el sempiterno tema del clima para introducir algún comentario de tipo romántico-botánico que invariablemente rematan con un My luv (Mi amor, dicho en cockney). Y por fin, los rusos mascullan ternuras que lamentablemente no puedo contarles de qué tratan… sólo sé que tienen tono de balalaika. En España en cambio, país antaño ingenioso en galanteos, ya no se oye una linda palabra, ni siquiera una palabrota como la que antes solían lanzarnos los obreros desde los andamios. Se acabó, las mujeres parecemos no inspirar comentario alguno, ni bueno mi malo.

¿Pero quién mató al piropo? ¿En qué momento comenzó la indiferencia callejera? Yo tengo mi teoría al respecto. Pienso que el cambio tiene mucho que ver con la evolución social ocurrida en España en las últimas décadas. El miedo a parecer tercermundistas, las quejas de algunas feministas que confunden el halago con el menosprecio, y el cambio de roles entre hombres y mujeres ha hecho retraerse a los varones, como si gritar ¡guapa! al paso de una de estas nuevas mujeres profesionales e independientes fuera una guachafada. Cierto es que algunas feministas se ofenden con los gestos que antes llamábamos caballerosos: retirar la silla para que se siente una señora, dejarla pasar primero por una puerta… pero les aseguro, caballeros, que no todas las mujeres somos así de fundamentalistas.

A mi modo de ver, el machismo implica otras actitudes más profundas y desagradables que el permitir que nos ayuden a ponernos el abrigo o que nos piropeen el vestido que estuvimos horas eligiendo para una cita. Tampoco es ningún síntoma de modernez el pasar delante de una chica guapa y mirarla con el mismo desinterés que a un señor de bigote. Es una pena que, en la adaptación a las nuevas actitudes entre hombres y mujeres, hayamos perdido la galantería. Nada tienen que ver churras con merinas. Nada tiene que ver el piropo con el respeto, y no hace falta llegar a Cuba para darse cuenta de lo agradable que resulta un halago masculino.

Ya les digo: ahora que es tanto mas fácil viajar hagan la prueba en otros países. Verán que la desaparición de piropo es un fenómeno sólo español. (A Dios gracias, pues yo, con mi proverbial minúscula autoestima, ya pensaba que me había vuelto demasiado vieja para cosechar un ¡guapa! callejero).


3 comentarios:

Unknown dijo...

Mmm... No sé... Yo creo que el atribuirse el derecho de proferir un halago que no necesariamente se desea y que además a veces es vulgar o confianzudo o irrespetuoso pues no es más que una expresión de una cultura patriarcal que cosifica a la mujer y la limita a no ser más que un cuerpo. Yo en lo personal creo más en la gentileza que en la caballerosidad. No veo cuál es el problema de colaborar con un hombre o con una mujer indistintamente del género, así como acepto la colaboración de hombres y mujeres. Solidaridad sí, galanteo? pues depende.

Julia Ardón dijo...

seguro son cosas de mujere mayores, Paula.., Lo veo con las actrices, cuando son jóvenes y guapas quieren ser tomadas en serio y que les den papeles dramáticos y de carácter....cuando son mayores no hay nada más ansiado que ser tomada en cuenta para un papel que incluya desnudos o ser deseada o sexo.

Es una contradicción que llevamos dentro las mujeres. Una separación, que quizá se deba al patriarcado...seguramente.

Cuando yo era chiquilla, joven, me molestaba mucho que me dijeran cosas en la calle.
Ahora que no me dicen, me hace un poco de falta.
Honestamente.
Por eso me identifiqué con esta señora, que además es mayor y más guapa que yo.

Una vez mi mamá llegó felíz a la casa porque en una construcción le dijeron:" qué buen rabo, como para hacerlo en sopa", y recuerdo que pensé que qué mi mamá más tonta.

Ahora no sé si pienso lo mismo. Quizá ya la alcancé y la entendí.

Es dolorosillo estar fuera del target de "mujer deseable" para la mayor parte de la sociedad y los hombres...

la verdad que sí.

pero no es autoconmiseración, sino realismo...personalmente me veo en el espejo muchas veces y me siento bonita, me veo atractiva y me amo...pero bueno...sé que no todo el mundo me ve así.

largo tema.

Anónimo dijo...

laaaaargo tema, en efecto...maja!