Por la noche en mi ciudad, como entre las 7 y las 8 y media, la gente del centro, deja la basura en la acera para que la recoja el camión.
Entonces de todas partes salen ellos y escarban entre las bolsas para encontrar restos de comida, restos de bebidas, cartones, vidrios, plásticos, latas...lo que sea para saciar el hambre o llevarse lo que encuentren a esos lugares donde compran basura para reciclar.
La mayoría son hombres y están flacos, sucios, tristes...
Es común verlos los viernes en la Avenida Segunda.
Hoy venía en carro con Carlos Luis por allí, eran como las 8.
Cerca del Banco negro, un hombre barbudo y negro hacía su trabajo ante un montón de bolsas también negras. Ibamos despacio por la presa, pudimos verle la cara, los ojos, la mirada.
De pronto: del carro que iba delante nuestro, una persona tiró "al basurero" una lata....realmente se la tiró practicamente encima al hombre. Una lata arrugada de cerveza Imperial. Una lata que sonó seca y agresiva.
Se vio muy feo. Sentimos feo.
El hombre negro levantó la mirada y el dedo pulgar saludando al "tirador"y sonriéndole . No sé qué cosa le respondió el chofer del carro pero no fue algo amistoso por lo que adivinamos en su gesticulación ; lo cierto es que el hombre negro, sucio y pobre le respondió con una sonrisa todavía más grande y con la mano le dijo adiós.
A Carlos Luis se le llenaron los ojos de lágrimas, desde ese momento se quedó serio, serio, serio. Me dijo que esa escena nunca la iba a olvidar, que había sido demasiada intensa. Tuve que hacerle un té de tilo para que se durmiera. Estaba impactado por la grosería del chofer y por la sonrisa del "ofendido", que mostró con su gesto una dignidad y sabiduría que sólo las grandes personas tienen.
No hay que dejar de transitar por San José, ir al centro, ver quienes lo pueblan, pasar por las "peligrosísimas" calles del centro...vieran cómo se aprende y se gana.
El regalo de Flora. Algo precioso que publicó Tribuna Democrática hoy domingo


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