¡El blog de Julia se pasó de casa!

En 5 segundos va a ser direccionado al nuevo sitio. Sino, haga click en
http://www.juliaardon.com
y actualice sus favoritos.

8.16.2005

Mi Regalo del Día de la Madre

Ayer me llevé un gran susto. Carlos Luis,( mi hijo de 13 años ) sufrió un ataque masivo de avispas. Le picaron toda la cabeza en la finca de Maco y Lucía, y como ha sido un poco alérgico nos asustamos. Yo no estaba con él. Cuando eso pasó yo estaba llegando a Chubascos. ( el restaurante en la montaña que tengo con mis hermanos) Me tocaba ir a trabajar.
Maco y Camilo ( mi cuñado y mi hermano) lo llevaron a la Cruz Roja de Turrúcares , donde no tenían ningún medicamento antialérgico ni doctor que lo viera. Los mismos cruzrojistas, asustados ante la hinchazón que presentaba, recomendaron llevárselo inmediatamente para el hospital de Alajuela.
Yo estaba apenas llegando al restaurante cuando me avisaron por teléfono. Lucía ( mi hermana) me llamó. Casi me muero del susto. Sentí que el mundo se venía encima, imaginé lo peor, me asusté muchísimo, porque pequeñito Carlos Luis era muy alérgico.

Salí como loca para Alajuela llorando, manejaba por aquella carretera gritándole a Víctor ( mi esposo, fallecido hace dos años) como loca que por favor me lo cuidara, que no lo dejara sufrir. Lo que más me dolía es que Carlos Luis sufriera. Eso, las que son madres saben lo que significa: ver a un hijo sufrir es lo último que una desea.

Cuando venía por Dulce Nombre, donde nunca me entra el teléfono celular: me entró una llamada: era la voz de Carlos Luis diciéndome: “Mami, no se preocupe, estoy bien”. Yo escuché esa voz como un milagro y le agradecí a Víctor el apoyo que me dio.

Cuando llegué al hospital , allí lo tenían en observación, en emergencias. Maco y Migue estaban con él y mi Daniela,( mi sobrina, que ante la emergencia lo único que hizo fue tirarse al río – por suerte estaban a la par del río- con Charlie a ayudarle a quitarse las avispas sin pensar que a ella también la podían picar,) estaba afuera asustada esperando noticias.

Daniela me dio una lección que nunca olvidaré. Es una muchacha preciosa a quien le estaré eternamente agradecida. Los chiquillos corrieron a pedir ayuda. Cada quien hizo lo que tenía que hacer.

Con Carlos Luis me quedé durante cinco largas horas en el hospital. Le pasaron suero con medicinas antialérgicas, analgésicas y antinflamatorias por una vía intravenosa, allí durmió. Estaba empapado, muerto de frío, yo busqué otra sábana para secarle los pies y la cama y otra para cobijarlo también.

Mientras estaba allí tuve experiencias intensas. A mi alegría de ver a Carlos Luis bien, un poquito hinchado solamente, muy asustado por lo que había pasado ( dice que fue como una ducha de avispas lo que le cayó en la cabeza) se le sumó mi dolor por ver tanta gente sufriendo allí.

Ir a los hospitales es una cosa intensa que te acerca a algo muy profundo.

Varias caras y situaciones no me puedo quitar del corazón ni la cabeza desde ayer, que todo el día he estado volviendo a ver:

El hombre de ojos hermosos, tembloroso, asustado y con alucinaciones que sufría algo provocado por el alcoholismo. Me quedaba enfrente, lo tenían amarrado a la camilla de pies y manos, le habían dado una diazepán que no le hizo efecto. Estaba muerto de miedo, paranoico...sudaba frío. Me le acerqué a ver cómo lo podía ayudar, lo miré con cariño, le acaricié la cabeza. Se me quedó viendo, me dijo “Haydeé”. Le pregunté qué podía hacer por él, me pedía lo acomodara para arriba, yo lo jalaba, luego que para abajo, yo lo jalaba, luego que le subiera la cabecera, lo hacía, luego que lo bajara , y no había manera. Me recordó mucho a Víctor en sus días de pánico cuando no podía dormir después de la primera operación. Mientras yo le ayudaba... ninguna enfermera, asistente ni doctor tomaron en cuenta la situación. El estaba con frío, ya no había sábanas disponibles , y además : orinado, pasó todo el tiempo que yo estuvve allí ( cinco horas) con un jeans orinado. Le dije a una enfermera que por favor le buscara una cobijita. Y me dijo “no hay! en cuanto haya le pongo, muchas gracias!” ( en sus palabras sentí que me dijo : “No se meta en lo que no le incumbe”. ) Me despedí del señor con cariño, le volví a acariciar la cabeza y le expliqué que yo no podía hacer mucho por él , le dije que cerrara los ojos, los cerró, que pensara en algo lindo, no pudo...volvió a abrir los ojos con pánico y me volvió a decir “Haydeé”.
En eso me di cuenta que estaba dejando solo a Carlos Luis y volví con él. Pero desde lejos seguí viendo los ojos negrísimos de ese hombre desesperado, que hoy, durante todo el día se me han venido a la cabeza muchas veces. Mantuve silencio. Me porté bien.

Luego escuchamos unos gritos desesperados. Nadie ponía atención tampoco.
Eran gritos desgarradores. No aguanté y me fui a ver quién era. Era un mudito que desde que yo tengo uso de razón recuerdo andaba siempre por las calles de Alajuela. Debe tener mi misma edad o unos pocos años más. Estaba con mucho dolor de panza, eso me trató de explicar cuando le pregunté qué le pasaba. Por señas entendí que no soportaba el dolor, que estaba desesperado porque lo atendieran y que estaba harto de tener que llenar papeles, que le urgía atención. Le dije que fuera a vomitar, me explicó que no podía. Las enfermeras y los doctores pasaban a nuestro lado ignorándolo. No digo que no hacían nada .Había poco personal, pero ni una mirada, ni una explicación. Nada le ofrecían.
Tuve miedo de pedir ayuda para que no me regañaran de nuevo.

Tampoco a mi me la dieron en cuatro horas. Pero Carlos Luis estaba bien. Podía decírmelo y contaba con mis atenciones, mis besos y mi cariño.
En un momento que hubo dos emergencias mayores, todos los enfermos quedaron sin atención, como por dos horas. En un momento que le fui a preguntar a un enfermero dónde quedaba el baño me habló golpeado “pregúntele a una enfermera”. Osé interrumpirlo en una tarea de oficina que estaba realizando tras el mostrador. Me atreví a decirle “no me hable así” y cuando ya venía con la consabida respuesta “no le estoy hablando mal..., etc, etc” para iniciar una vacía discusión sin sentido...se acercó una acompañante de otro paciente para explicarme dónde estaba el baño.

Volviendo a Miguel. Mudo e indigente. ( pero no tontito ni mucho menos un animalito) tirado en el suelo, retorciéndose del dolor...le dije que se levantara, que no podía estar allí tirado tan feo, lo traje donde había unas sillas, lo senté, interrumpió con sus gritos un sector de gente “decente y callada”. Le puse otra silla para que subiera las piernas, le acaricié la cabeza, se agachó, le acaricié la nuca, me decía a su manera que no aguantaba el dolor, yo no sabía que hacer. Nadie me ayudó, pero él me agradeció el cariño con sus ojos. Nadie me preguntó qué pasaba. Fui a buscar una sabanita, se la puse encima, como para que se sintiera chineado y atendido, le expliqué que había mucha gente, que lo iban a atender en cuanto se pudiera.
Me sentí culpable de dejar a Carlos Luis solito.

Luego a Miguel se lo llevaron, iba gritando del dolor....pero iba contento de que le dieran pelota. Luego, dice Carlos Luis que lo vio pasar con una bata amarilla, sonriendo, y lo saludó. No sé si lo internaron porque tenía algo serio o si se estaba haciendo solo para buscar comida y cama...”Puede ser que tuviera apendicitis” me dijo Carlos Luis, que de chiquito sabe lo que son esos dolores.
¿ Qué quieren que les diga?

Es el Seguro Social, lo que queda de él, es el hospital nuevo, lo que queda de él. Atendieron a Carlos Luis y todo, pero yo sentí la deshumanización tan terrible que hay en nuestros hospitales. La sentí de nuevo. Ya la había vivido en el San Juan de Dios cuando Víctor estuvo casi tres meses internado hace casi tres años y pasamos tanto susto y muchos malos momentos.

En los hospitales se ve lo mejor y lo peor de las personas. Todo se hace más intenso. Lo feo se hace más feo y lo bello se hace más bello.

Algunos hacen su trabajo con cariño, otros y otras están cansados, mucho personal realiza su trabajo de manera burocrática, sin hacer contacto visual o de palabra con los y las pacientes, los doctores siempre andan apurados, las enfermeras siempre tienen algo que hacer, pocas veces hay posibilidad de preguntar algo a alguien y cuando se hace, hay que hacerlo con mucho cuidado para que no le contesten a una una pachotada o te traten como si fueras tontita.

Saliendo de allí, mientras esperábamos la receta de la farmacia, tuve que ir al baño. De uno de los cubículos salió una señora llorando. Imploraba atención. Nos contó a todas las mujeres que estábamos en el baño que acababan de internar a su hermano alcohólico de emergencia, que ella no sabía lo que tenía, que no la habían dejado entrar con él y que estaba muy asustada, que nadie le explicaba nada...se hechó a llorar...se le corría el rímmel mal puesto y se le soltaba la chapa de dientes en la boca, era una mujer relativamente joven, de unos 44 años aproximadamente. Ni recuerdo qué le dije para tranquilazarla, pero la abracé. Ella se abrazó conmigo como si me conociera. Me dijo que su hija la regañaba por estar sufriendo por su hermano, que la hija le decía que no soportaba que llorara ni se preocupara por su hermano, que no debía quererlo, porque era un alcohólico. También me dijo que su papá había muerto hacía seis meses y su mamá hacía tres. Le conté de Víctor, le conté que a mi se me había muerto mi esposo hacía dos años y que esos dolores cuesta mucho enfrentarlos. Seguía llorando, muy afectada. En eso entró la famosa hija: Una chiquilla que lo más que parecía tener eran quince años. Lo primero que hizo fue decirle a su mamá que no soportaba verla llorando “Me enferma verla así” algo así de grosero le dijo. Yo metí la cuchara, le dije que ella tenía derecho a llorar, que eso que ella sentía por su hermano era amor y que sentir amor es un don de Dios, que Dios nos puso las lágrimas y la risa para expresar nuestros sentimientos y que de poderlos expresar su mamá tenía que sentirse orgullosa. La señora me vio a los ojos y me sonrió. Otras señoras me apoyaron y le dijeron hasta “ingrata” a la hija. La muchacha sacó abrazada del baño a la mamá, yo le cogí a la muchacha la mano y le dije : “Quiera mucho a su mamá, ella necesita ahora poder llorar en su hombro, no se lo niegue”. Se lo dije con cariño. Creo que ella me entendió.

Fui a dejar a Carlos Luis al carro. A la salida iban llegando dos perreras con dos presos de la reforma, venían a ser atendidos, esposados, desafiantes. La gente chismorrea y se hace a un lado cuando los ve pasar. A mi se me ocurrió verlos a los ojos y sonreírles. Ambos me sonrieron. ¿ qué nos cuesta una sonrisa?

Dejé a Carlos Luis en el carro y volví a la farmacia a recoger las clorotrimetón que le mandaron para darle seguimiento por cinco días. Allí tuve oportunidad de despedirme de la señora que lloraba desde lejos, diciéndole: “cuídese, mi amor”.

A la vuelta pasamos a Rosti Pollos a comprar algo porque teníamos mucha hambre, nos vinimos para la casa comiendo papas campesinas y tomando té frío. Carlos Luis venía sano, tranquilo, contento. Yo también.
Anoche me acosté a las 8 y media de la noche. No aguanté tanta intensidad, tantas emociones, tanto que viví en un solo día.

Hoy , Día de la Madre, he pasado todo el día en casa recordando al mudito Miguel, al señor alcohólico que temblaba, a las dos señoras diabéticas de las camas más cercanas, a la señora del baño, a los dos presos...he recorrido con el recuerdo al personal de la Cruz Roja que tomaba café en el cajón de una ambulancia....he visto pasar la hiper-eficiencia de los guardas de seguridad ( único personal que en los hospitales nunca falla! ) y he pensado mucho en mi país , en cómo lo estamos dejando ir obnubilados por la resignación,el miedo y la apatía; en mi vida, en lo que soy, en lo que quiero ser y en lo que tengo.

Doy gracias a la vida por mis privilegios, por el amor que recibo, por mi maravilloso hijo que hoy por regalo me ha dicho lo que soy para él con todo el amor del mundo en sus ojos. He tenido mucha migraña, le he escrito a algunas personas, me ha dolido sentir rabia, odio y dolor en algunas personas que quiero mucho y con las que me he comunicado por e-mail y por teléfono...no sé...tenía que contarles esto.

Siento que nos hace falta amor. Nos hace falta amor para estar mejor. A todos y a todas.

Hoy, que es día de la madre y que mi mamá no está conmigo porque murió hace 17 años, ni mi Víctor a quien tanto quiero todavía y que me sigue ayudando cuando lo necesito, y que todos los días de la madre corría a traerme regalos especiales, a despertarme con ramos de rosas y a decirme que me agradecía ser la madre de su hijo Carlos Luis.

Entonces pienso que Víctor me trajo esta vez también un Regalo de Día de la Madre: me lo dio ayer. De muchas maneras. El primer anuncio fueron los hermosos lirios que Irene me mandó. Otro mensaje fue la sonrisa de recibimiento que Yami nos dio cuando llegamos , las palabras de aliento y comprensión de Inti también fueron importantes. El cariño de Maco y de Lucía, el heroísmo de Daniela. La solidaridad de mi abuela Tita, de Migue, de Camilo y de Alejandro. La visita de Dani y de Sebas a la casa por la noche para ver cómo estaba Carlos Luis. La llamada de Nidia....recibí muchísimo ayer, y hoy pude recibir el abrazo amoroso de mi hijo. Las miradas agradecidas de la señora que lloraba, de Miguel el mudo, la manera en que ese hombre me dijo “Haydeé”, como si yo fuera una persona por él querida, el cruce de miradas con los presos, el ejemplo de los cruzrojistas...hasta la sonrisa del muchacho que nos atendió en la ventanilla de Rosti-pollos...

Fue mucho lo que recibí.

Y hoy me estoy dando cuenta.

Julia

1 comentario:

analu dijo...

¿Se me permite hacer un comentario largo?

Tocaste tantas fibras en mi corazón con este post, me imaginé cada uno de los momentos que narrabas y sentía que una lágrima quería bajar... pero supongo que a veces somos muy duros con nosotros mismos como para permitirnos el privilegio de llorar.

Este día de la madre fué extraño, dos días antes murió la mamá de un tío por lo que las actividades familiares mejor se cancelaron, por respeto.

Siempre me he jactado de tener una gran mamá, ella quedó viuda a sus 25 años, mi hermano mayor tenía 3 años y medio, yo tenía 2 años y mi hermana menor tenía 6 meses. El panorama evidentemente no era favorable para ella, menos siendo tan joven y tan inexperta. Papi murió de cáncer, a sus 32 años, estuvo 6 meses en estado terminal, 6 meses en los que mami practicamente tenía que atender 4 bebés, llevarnos al baño, darnos de comer, bañarnos...

Cuando uno crece, cuando uno vá madurando, uno va entendiendo cada día más esos sacrificios. Yo hoy sé que mi mamá tiene un carácter impresionante, jamás se dejó vencer por nada y trabajó arduamente en post de lo quería, y de darnos lo mejor, ella sola. Hoy sé el valor que tiene haberla visto durante años no estrenar ni una blusa, ponerle una tras otra la tapilla al zapato esperando que no se viera tan feo, pero regalarnos ropa nueva cada año a nosotros, tenernos en una casa cómoda y agradable, con juguetes, con buena educación, con amor más que con nada.

Ella me contaba las veces que habla con papi y que él la ayudaba, me acordé de eso cuando contabas que le pediste a tu marido que te ayudara... yo a veces siento a papi, me gusta pensar que ellos nos cuidan.

Las mamás, supongo que terminaré de entenderlas si algún día Dios me concede la pareja ideal para serlo y el regalo maravilloso de serlo.

Mientras tanto trato de valorar a la mía... que es toda una heroína, y que creo que, de algún modo, podés entenderla.

Ánimo para vos, que con la sensibilidad que se nota que tenés... tu hijo es ya de por sí privilegiado.