Pintura del mexicano José Luis Cueva
La angustia de tener sexo
Yo no creo en las veintisiete formas de besar
Por Ana Istarú.
( artículo publicado en la revista Proa de la Nación hace un tiempo ya. Me lo mandó hoy una amiga. Gracias Ana )
El sexo angustia. Al menos en nuestra época. Creo que nunca ha habido tal derroche de información sobre técnicas sexuales, aparatos, recetas, dinámicas, y otras hierbas, tendientes a encender el deseo. Resulta sospechoso. Quizás lo que nunca ha habido es tanta infelicidad. O tanta conciencia sobre nuestra infelicidad.
Pienso que la culpa la tienen la represión religiosa, el capitalismo y el patriarcado. La religión (al igual que muchos sistemas absolutistas), por combatir el pecado de la lujuria satanizando tanto el desenfreno (llámese abuso, incesto, pedofilia, degeneración), como el deseo puro y legítimo con que nos dotó natura. Y de paso el cuerpo. El capitalismo, porque nos induce a equiparar la felicidad con el consumo de bienes, a exigir del sexo una gratificación instantánea y sin esfuerzo, y a considerar al otro como un objeto. Y el patriarcado porque establece roles insoportables según el género: el macho avasallante y dominador, la hembra, presa vil destinada a su satisfacción. Por favor, ¿así quién puede?
Miedo, asco, culpa, odio por ese cuerpo maldito que tantos problemas causa. O un culto enfermizo por él, transformado en mercancía, y los excesos inversos de desorden y libertinaje, que no son más que la otra cara de una misma moneda.
Yo no creo en recetas ni en las veintisiete formas de besar que me venden las revistas del supermercado. Es idiota, paupérrimo.
Si existiera una forma mecánica de desencadenar un orgasmo, sería cuestión de incluir un manual detallado en los programas de enseñanza.
El sexo no es un aparato con perillas. Bien lo dicen los sexólogos: el órgano sexual por excelencia es el cerebro. Me gusta agregar que también el corazón. Al sexo, más que geles o vibradores, le falta humanidad.
Esa, que nos hace comprender que un varón es algo más que un dispositivo obligado a irreprochables erecciones, y una mujer, algo más que una muñeca inflable que, si se le solicita, puede también sostener una conversación.
Tenemos dos tareas: sanar de una educación a la vez represiva y permisiva, ayuna de valores y repleta de silencios, y elaborar una alternativa, para formar a nuestros hijos. Para que puedan gozar en paz de esa dicha loca de contar con un cuerpo. Para que sepan cómo, cuándo y con quién compartir sus bondades. Para que no hereden la secreta repulsa que causa el vértice de la entrepierna, sino que puedan disfrutar de un sexo su belleza frutal, sus aromas salvajes, su desnudez de cachorro. Sin dolor, sin angustia y sin culpa.



3 comentarios:
sin tabu y con arte, linda intura querida Julia abrazos desde una Bolivia lluviosa y fria
Me siento representada, criticada y también siento que mi voz se ha escuchado a través de alguien ajeno a mí. Fui de las no etendía bien eso del sexo con cerebro y corazón.
Ahora lo entiendo. Y ahora pido esa libertad en pensar, disfrutar y enseñar sobre sexo, sentirlo...
Sin tabu y con arte, (Como dice maria cristina) el de amarse y el de amar. Sí.
Santas verdades nos canta esta muchacha.
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