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5.30.2007

Maria Friedman: un alma de niña

Johnny Rosales siempre me manda estas entrevistas. La mayoría son lindísimas , muchas de ellas las copio en El PEZ, pero hoy quiero poner esta aquí, en mi espacio personal. Siento que es este el lugar donde debe ir. Quiero darle este regalo a mi blog verde. Me encanta la manera en que Ima Sanchís, de La Vanguardia, de Barcelona, las va construyendo desde una conversación. Ella entrevista siempre a gente extraordinaria...pero yo me pregunto...¿ quién no lo es? ¿ quién no tiene la capacidad para serlo?

Julia


Una gota de rocio, una forma de ver la vida que al igual que milagro nos cambia la perspectiva.



ALMA DE NIÑA


La denominan la primera dama del musical británico y ha sido aclamada en los mejores teatros del mundo. De ella dijo ´The New York Times´: "Es una erudita del teatro musical con unas dotes interpretativas y una versatilidad poco habituales, nos conduce, en segundos, con una maestría admirable, del drama a la comedia". Esta noche interpretará al rey de los musicales, Stephen Sondheim, con el que comparte sensibilidad, profundidad, sentido del humor y más de 20 años de trabajo. Pero no es una diva la mujer con cara de niña que delante de mí se seca las lágrimas con el dorso de la mano cuando me habla de la enfermedad de su hijo, ríe a carcajadas cuando recuerda anécdotas de Sondheim o agradece a la sanidad británica su tratamiento contra el cáncer.





MARIA FRIEDMAN · ESTRELLA DEL MUSICAL
"Hay mariposas que viven un día"


Tengo 46 años. Nací en Suiza y vivo en Londres. Tengo dos hijos y vivo con mi novio. Soy de izquierdas. Mi padre era judío y mi madre cristiana. Y yo creo en que hay que ser buena persona, creo en las energías y en la fuerza de la vida. La experiencia me ha enseñado a tener fe. Actúo esta noche en el festival Únicas (Palau de la Música)


¿Por qué tiene fe en la vida?
En los tiempos difíciles siempre ha habido algo que me ha conducido hacia delante.

¿Cómo se llevaban sus padres, un judío y una cristiana?
Ambos eran muy inteligentes, nunca permitieron que sus creencias los separaran. Con ellos mis preguntas siempre obtuvieron buenas respuestas, ésa fue mi universidad.

Pero acabaron separándose...
Siguieron siendo amigos y creo que siguieron amándose. Se separaron más por las circunstancias que por falta de amor. Mi padre siempre estaba de gira, era un violinista ruso, y mi madre, una pianista alemana.

¿Que crió a cuatro niños sola?
Sí, pero jamás la oí quejarse. Mi madre es excepcional, además de hablar 7 lenguas, tener 5 licenciaturas en música y egiptología y ser campeona de bridge, a sus 75 años sigue enseñando piano a niños pobres.

¿Usted qué quería ser?
Todavía no lo sé..., pero siempre me imaginé que haría algo positivo en la vida por el clima que había en casa: "Todo lo que te propongas lo conseguirás", me repetían.

¿Cuáles eran las reglas?
Ninguna. Íbamos a dormir y comíamos cuando queríamos, un ambiente muy inusual. Resultó difícil adaptarse al mundo; al haber crecido sin reglas, nunca sabía cuándo las transgredía. Solían echarme de los trabajos. Tuve que aprender a relacionarme, entender cómo era el mundo. Resultó duro.

¿Cuándo descubrió la música?
Siempre estuvo. Era una chelista con problemas de artritis en las manos y siempre me colocaban detrás en las orquestas. Si tienes padres y hermanos que son mucho más talentosos que tú en el mismo campo, abandonas.

¿Y a qué se dedicó?
A los 12 años trabajaba en una peluquería; fui canguro de niños, auxiliar de guardería, vendedora de juguetes y recepcionista en una compañía de grabación de música para anuncios donde pasaba las horas cantando. Un día sustituí a la cantante en un anuncio de mermeladas y retomé la música.

¿Cómo?
Me presenté a un anuncio del periódico. Buscaban chica para un coro, fue un trabajo terrible, durante un año recorrí casinos, fiestas y prostíbulos de toda Europa y llegué a dormir en las bañeras de los hoteles.

¿Aprendió algo?
El coraje que hace falta en la vida. Conocí personas a las que las circunstancias llevaron a caminos extremos sin que eso las convirtiera en malas personas. Estuve en ambientes horribles, pero nadie me ofreció drogas ni me propuso nada extraño.

¿Cuándo descubrió a Stephen Sondheim?
Mi padre nos llevo a ver A little night music,yo tenía 13 años, y todos lloramos. Siete años después volví a verlo y decidí que trabajaría con ese hombre que hablaba en sus musicales de la condición humana, pero no tenía ni idea de cómo lo conseguiría.

¿Fe en la vida?
Todavía no, era demasiado joven y creo que hasta que te pasa algo duro no tienes la capacidad de comprender esas energías que te llegan de otros y que tú das a otros.

Entonces, ¿intervino la fortuna?
En una actuación benéfica canté temas de Sondheim y, contra todo pronóstico, él estaba allí y me contrató.

Se convirtió en una estrella itinerante, no debe de ser fácil ser madre en esas condiciones.
Es curioso, porque mis hijos me piden que sea fuerte, que no me derrumbe.

¿Qué cree que hay que darles?
Risas y amor, lo aprendí de mi madre, a la que jamás oí decir nada negativo de nadie, y eso no quiere decir que no la hayan hecho llorar. Cuando yo estaba triste o furiosa, me enseñaba a ver el otro lado de las cosas.

¿Qué ha sido lo difícil?
Que el cerebro, las piernas y los brazos de mi hijo Toby no funcionen bien, eso no lo he superado todavía. Fue como una bomba.

¿Le ha cambiado la percepción de la vida?
Todos buscamos en la vida felicidad y buenas experiencias, y damos por supuesto que nuestro hijo caminará, correrá, leerá. Para mí no es así, y cada pequeño paso que da es como la felicidad, un pequeño milagro.

El cáncer no la apartó de los escenarios.
En lugar de ser un drama fue un lujo porque mi novio, maravilloso, me acompañó con los niños a hacerme el tratamiento a Nueva York. Fue como unas vacaciones, cada día cruzábamos el Central Park todos juntos.

¿Qué hace tan maravilloso a su novio?
Lo dejó todo, el trabajo, su ciudad, para estar a mi lado todo el tiempo y sonriendo. ¿No le parece una gran prueba de amor?

Sí.
¿Sabe? Vi mucha tristeza y mucho dolor en los hospitales. Y debo decir que la sanidad pública es necesaria: no hay peor desigualdad que condenar a la gente a morir por ser pobre.

¿Qué recuerdo le ayuda a estar feliz?
Teníamos una gran casa y poníamos los colchones en las escaleras para deslizarnos como en un tobogán. Un día sonó el timbre, era un padre que venía a buscar a su hijo. Cuando se abrió la puerta, ¡mi madre bajaba por los colchones y aterrizó en la calle, ja, ja!

¿Me va a explicar cómo desarrolló la fe en la vida?
Hay mariposas que viven un día, los árboles se quedan sin hojas para renacer en primavera. Hoy puedo mirar atrás y darme cuenta de que aquella circunstancia tan dolorosa sólo fue un mal trago dentro de una vida. Yo tengo mi parte de tiempo en la vida y en el mundo, y hoy sé que pertenezco a algo mucho más grande que ese pequeño tiempo.


IMA SANCHÍS - 29/05/2007
La Contra | página nº 96
La Vanguardia, Barcelona. España

1 comentario:

Dinia Solano dijo...

Qué mujer más campeona!! Pero tenés razón en lo que escribes arriba, ¿quién no puede serlo?

Saludos