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1.24.2007

Un Viernes Por La Tarde En Santa Ana


Voy a contarles de un almuerzo rico. La vida tiene cosas hermosas. Eran los primeros días de enero cuando me fui con mi hermana Inti a celebrar. Acababa ella de volver de la playa con los ojos oscuros vueltos azules por una nueva ilusión. Había mucho de qué hablar.

Nos gusta comer rico ( a mi se me nota más que a ella)

Santa Ana ( uno de los cantones de San José) todavía tiene encanto de pueblo de los de antes. Esas callecitas angostas y el zacatito verde que hace de acera.

Hasta allá fuimos poco después del mediodía, en busca de Bacchus. Allí celebramos en noviembre el cumpleaños de Papi y nos habíamos quedado con ganillas de volver.

El restaurante, albergado en una vieja casa remodelada con verdadero buen gusto, cuenta con parqueo grande por el lado de atrás, que más bien es el lado de adelante, porque cuando llegás te das cuenta que la puerta principal está allí, resguardada por una escultura monumental en bronce de Jiménez Deredia, ese artista nacional que se ha hecho famoso.

Como siempre me ha llamado la atención leer críticas a restaurantes, intenté también escribir la mía. Quien quita alguien lea este post y luego de ello me de trabajo. ¿ Se imaginan un trabajo de estos? Que le paguen a una por ir a comer rico y luego contar cómo le fue...Sería divino!

Todo está allí en su sitio: te reciben con amabilidad, te preguntan si tenés reservación, y si decís que no y hay lugar, no hay problema. Ese día la agradable terraza, estaba practicamente llena, por lo que fuimos conducidos a uno de los salones de atrás.

A estas alturas nos dimos cuenta que debimos haber reservado para conseguir una mesa en la terraza, no sólo por el airecito fresco, sino porque desde allí se atisba mejor quién entra, quién sale y además y lo más importante: con quién. Una puede decir que no le interesa la gente, pero no es cierto. Es bonito "vinear".

Fuimos ubicadas en una mesa para dos. En las paredes, cuadros de Rosella Matamoros, sobre las mesas, aves del paraíso pequeñitas. En los muebles, hermosos arreglos de gingers y follaje verde. Los manteles blancos, las servilletas de tela, la vajilla blanca de porcelana, la cubertería de buen peso…los saloneros atentos enfundados en una camisas color naranja-elpuerto, logran que de entrada te sintás cómodo. Al entrar a Bacchus no salís de Costa Rica. Estás aquí y eso vale mucho en estos tiempos de globalizados excesos.

En ese aspecto los dueños, siendo extranjeros, han sabido insertar con verdadero talento al mundo en nuestra república, pero parafraseando a Martí *: manteniendo el tronco.

Pero ahora, a lo que vinimos, porque vinimos a almorzar.

Parece que el salonero nos vio cara de alcohólicas anónimas ( o limpias!!) porque decidió no traernos la carta de vinos y licores y procedió a darnos el menú en cuanto nos sentamos. Extrañados le preguntamos qué podíamos beber e insistió en recitarnos las opciones de frescos naturales. Le tuvimos que aclarar que queríamos ver la carta de vinos. ¿ Cómo vamos a ir a a comer a un lugar que lleva el nombre del dios gozoso de las uvas y los vapores a pedir una gaseosa? Por favor! Más respeto! Además, era año nuevo!

Sorteando el curioso episodio y como Inti y yo andábamos ese día muy azucaradas procedimos a ver, ahora sí, la carta de vinos. La variedad es completísima, amplia ( como los precios! Ups! Si que los tienen carillos.)

Elegimos entonces un Montepulciano, ofrecido como el vino tinto de la casa y ese sí: de precio módico, el que, pese a su característico acidillo, supo acompañarnos con dignidad durante la velada. Entre esa opción y la botella más barata hay varios miles de colones de diferencia.

El menú es variado. La especialidad cocina meditarránea. Destacan las pizzas y las pastas, la oferta de ensaladas y entradas es generosa y se ofrecen prometedores platos fuertes de mariscos, aves, pescado y carnes rojas.

Para comenzar Inti eligió la ensalada griega y yo el tartar de atún. Este último, fresco, cortadito en pequeñísimos cubitos, aderezado con aceite de ajonjolí. Lo degusté despacio para que no se me acabara. La canastita de pan fresco y mini grissinis con aceitunas negras colaboró. La ensalada de mi hermana no pudo ser mejor, el tomate maduro, a temperatura ambiente, el pepino crocante, el queso feta, las aceitunas calamata, todo en un platito hondo que le confería una agradable presentación rústica y cariñosa. Siendo Inti tan ensaladera como es, disfrutó montones el plato, que sorprende además por la empanadita caliente de pasta filo rellena de feta derretido que le acompaña.

La cosa a estas alturas prometía, el Montepulciano comenzó a desaparecer y los platos fueron retirados en prístina y vergonzosa blancura. Todos los juguitos fueron remojados con pan hasta el final.

Del retiro de los primero platos hasta la llegada del plato fuerte, el tiempo exacto, ni más largo ni más corto de lo debido. Suficiente para ponernos al día con las anécdotas del año nuevo y los sueños para el próximo, donde los amores y desamores ocupan un primerísimo lugar. Somos hermanas-amigas del alma aunque nos separan diez años de edad.

El arribo de los canelones gratinados de ricotta con jamón para Intiy los ravioles de hongos en mantequilla de salvia para mi , nos hizo salivar. Ay! De solo acordarme quiero volver a ese lugar.

Confieso, eso sí, que la primera impresión fue menos gratificante, ya que ambos platos de pasta venían muy simples. Unas hojitas verdes de salvia en mi caso habrían levantado los sentidos todavía más.

El plato de Inti sería un excelente plato para niños o niñas. Su sabor es bueno, pero quizá predecible y poco novedoso. En cambio: mis ravioles! Al dente, medianitos, apenas para comerse cada uno de un bocado…aunque yo preferí partirlos para ver el erótico relleno de fresquísimos hongos y para que me rindieran más. Francamente deliciosos. Personalmente me habría gustado un poquito más de salvia…pero sé que su uso es delicado. No a todo el mundo le gusta. A mi juicio la salvia con pimienta, sal y mantequilla es una de los aderezos más finos que se le pueden poner a los ravioles. Pruébenlo y me cuentan.

Luego de una pausa, nos preparamos para los postres. Ya había visto el día del cumpleaños de Pa el arte que Bacchus coloca en ellos. La carta es fascinante, y para golosas como nosotras se pone cuesta arriba elegir. Sobresale un postre de manzanas endulzado con Splenda, para quienes insisten tercamente en aquello de la culpa calórica. Yo paso de los edulcorantes, prefiero no meterme químicos raros a la boca.

Inti pidió la panacotta con frutos rojos. Yo el semifredo de almendras y macadamias en salsa de chocolate. ¿ muy vulgar?

La panacotta, tan delicada como un suspiro de muchacha recién enamorada, los frutos rojos apasionados envolviéndola con su tentador color con la pecadora dosis de balsámico. Un postre que es un romance. Mi plato: un helado delicadísimo y crujiente. La presentación de ambos: impecable…el final lo saboreamos muy despacio, entre sorbo y sorbo de agua y antes del café.

Para entonces ya el local se había vaciado casi totalmente. Ya eran casi las tres de la tarde. Afuera la vida nos recordó que podía ser hermosa….el espíritu del Montepulciano nos duró un buen rato más y nos mantuvo en una pura contentera hasta entrada la noche.

Ojo! Nadie me pagó por esta crítica, pero doy la dirección por si alguien quiere ir. Barato no es, pero vale mucho menos que un par de zapatos o un jeans, y el recuerdo quedará para toda la vida. Es cosa de prioridades.


Dirección: 300 metros al este de la panadería Mussmani en Santa Ana Centro.
Teléfono: 282-5441


* "Injértese en nuestras repúblicas el mundo, pero el tronco,
el tronco ha de ser el de nuestras repúblicas."

José Martí.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

tenia hambre, y esta post me la quito, me quito el hambre de probar lo que tenia en mente probar y me dio hambre de ir a probar lo que ahi venden!!!

buenisimo!!!

Solentiname dijo...

Coincidimos en el menú y en la apreciación, ese lugar es demasiado rico.

Anónimo dijo...

Mmmmm son las 12:50pm, yo ho almorzado y ahora no voy a poder almorzar nada que no sean esos ravioles de los que hablaste.
Quede antojada!

Julia Ardón dijo...

Vayan, vayan!

Anónimo dijo...

¡No hay derecho, Julia! ¿Esto es una crítica gastronómica o una venganza contra los que te leemos?
Quedé salivando... peor que los perros de Pavlov.

Julia Ardón dijo...

jajaj..
hoy volví!!