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10.05.2006

Leyendo a Sting


Yo no sabía que Sting había publicado un libro de Memorias. Me lo contó un amigo. El fue el que me recomendó la obra llamada "Broken Music". Como sé que él tiene buen gusto para la música y la literatura y como además siempre me ha gustado Sting y leer testimonios y autobiografías; la búsqueda me entusiasmó.

En las librerías de San José no lo encontré; entonces lo mandé a comprar por
Amazon.com. Ya voy por la mitad. Anoche pasé la página 222. Me tiene enganchada, la edición es de la Editorial Aguilar.Es la primera en español. La obra fue publicada en el 2003 por Ramdon House en su idioma original: inglés.

Muchas cosas me han cautivado de este libro donde Sting cuenta cosas de su vida , de su infancia, de la manera en que comenzó con la música, sus primeros amores, incluso duras intimidades de su familia...lo recomiendo a quien lo pueda conseguir.
Acá, para muestra un fragmento, de los muchos que me han hecho cerrar las páginas para ponerme a pensar.



"...es mi padre. Se ve como si no hubiera dormido durante días, o si lo ha hecho, ha sido bajo una barda o en la parte trasera de su auto. Las cortinas de la sala de personal se están moviendo. No quiero que el personal vea a mi papá en ese estado. Queda media hora antes de que empiece la clase y rápidamente lo conduzco escaleras arriba hacia mi salón, donde se sienta en una de las pequeñas sillas y enciende otro cigarro. Tiene los ojos rojos y se ve lastimosamente triste. Quiere quedarse conmigo por un tiempo, hasta que pueda "arreglarse un poco". Está claro que la tregua de tensiones entre él y mi madre ha terminado y que está pensando en buscar el divorcio. Creo que ha venido a pedir mi permiso, aunque no lo dice exactamente.
"¿ por qué ahora?", pregunto. "¿ qué pasó?"

Mira por la ventana y se ve miserablemente incómodo, como si no estuviera dispuesto a decir nada más, pero luego lo suelta como si estuviera escupiendo ira desde el fondo de sus pulmones: "Encontré algunas cartas dirigidas a tu madre."

Hay tantas cosas no dichas entre mi padre y yo, años y años de negación y ofuscación mutira, de recibir la oscuridad intermitente en vez de negociar con la verdad. Comenzar por el principio sería tomar un largo camino lleno de dolor. Parece que le resulta más fácil pretender que el romance de mi madre es algo nuevo para ambos, como si no quisiera admitir que hemos estado viviendo en el centro de una mentira durante todos estos años.

Está tratando con desesperación de mantener su orgullo como hombre, padre y marido, y aceptar que sus hijos han sufrido también está más allá incluso de su valor.

Accedo a su ruego no expresado, como si hubiera aprendido a entender sus silencios tan fácilmente como un lenguaje, pero no le pregunto qué dicen las cartas. No llevaré la charada más allá de este punto. Ofrezco mi silencio mientras observamos los coches que pasan por la calle principal. Necesita mi ayuda y mi apoyo, pero lo que también queda claro a partir de su angustia es que sigue amando a mi madre y que el potro en el que lo han torturado durante tantos años finalmente está a punto de romperse. Lo traigo hacia mi pecho y trato de acomodarle el cabello como si fuera mi hijo y le doy las llaves de mi departamento. Lo veo desde mi ventana, recordando al hombre orgulloso y valiente que era y mientras sube a su auto ocmo un inválido y abandona los patios de la escuela, solitario, perdido y con una especie de neurosis de guerra me pregunto cómo diablos puedo ayudarlo.

La novedad de hospedar a mi padre como nuevo inquilino resulta ser más diverta de lo que habría esperado. Vamos al pub juntos y después de unos cuantos tragos empieza a reírse un poco, a contarme historias sobre los viejos tiempos.

"¿ Sabías que fuiste concebido en el Distrito de Los Lagos?"
"No papá. No lo sabía", contesto con un poco de incomodidad.
"¡Oh, sí!", continúa. "Audrey y yo solíamos conducir hacia Keswick para pasar los fines de semana, ¿ sabías? antes de casarnos."

En realidad no me está guiñando el ojo, pero cualquier forma de interferencia es clara. No me importa ni para bien ni para mal en qué lado del cobertor fui concebido, pero me doy cuenta de que mi padre necesita llevarme a un lugar en donde compartió romance y aventura con mi madre. De hecho , todas sus historias parecen girar en torno a ella, como pájaros dando vueltas a una torre; la tragedia central de su vida fue haberla amado y que ella hubiera amado a alguien más. Pude haber señalado que si él la hubiera amado más, o al menos lo hubiera demostrado, entonces las cosas habrían resultado muy diferentes, pero incluso entonces parece que sé que la vida y el amor son demasiado complejos como para estar contenidos en fórmulas simples y le permito la nostalgia".

6 comentarios:

Anónimo dijo...

ohhhhhh...me hiciste el día con esto!

Anónimo dijo...

Bastante sinceras suenas esas memorias. Qué grande se hace la gente cuando es capaz de hablar de su vida privada con tanta honestidad y valentía, sin miedo al qué dirán. Qué pequeños que somos cuando vivimos escondiendo cosas, secretos, tratando de poner siempre una buena cara aunque nos esté llevando puta por dentro.

Anónimo dijo...

Uy, ojalá Sting no sepa lo que hizo Tito!!

Anónimo dijo...

Cual Tito? Tito Oses??? Sí ojalá que no lo sepa nunca!!!

http://www.argenautas.com/?p=547

ahí va un link para que vean cómo se hace una publicidad de Fútbol, por si alguien conoce a Tito Oses, o a alguien de Repretel.

Anónimo dijo...

Sí fue una barbaridad lo de Tito, pero tal vez no fue culpa de él. Lo embarcó Andy. Yo grité todo lo que pude para rellenar pero creo que no se oyó.

Igual, mejor no le digamos lo de Tito.

Qué bueno lo de las memorias de Sting. Cuando yo sea grande quisiera publicar unas memorias, pero a estas alturas de mi tercera adolescencia ya no me acuerdo de nada!

Julia Ardón dijo...

Saludos Mauricio. Gracias por asomarte y más por comentar: vieras que el libro comienza con una ceremonia en Brasil donde tanto Sting como su esposa prueban una sustancia ( algo parecido al peyote) que les aclara todo lo que de su historia tenían escondido.
Dicen que el cuerpo tiene memoria, más allá de lo que conocemos como "memoria" y que esa nunca se va: sólo hay métodos para despertarla con la intención de sanar.
Siento que Sting pudo hacerlo y por esa razón se pudo sanar de muchas cosas.

Por otro lado: para músicos y artistas el texto está lleno de anécdotas que muestran por enésima vez que nada es regalado y que todo cuesta, ha costado mucho y se pasa mucha necesidad y frustración antes de alcanzar que la gente te escuche con atención y te acepte.