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8.17.2006

La sangre habla, los días cuentan



La sabiduría ancestral de los mayas ha caminado a través del tiempo encarnado en las personas, en los lugares donde habitan, en el universo que nos envuelve y del que somos parte.

Esta visión del mundo, en la que los humanos estamos imbricados con los animales y el cosmos, a la manera de los tejidos, combina el pasado, el presente y el futuro con el espacio, donde se van acumulando experiencias, interpretaciones, sucesos.

El calendario de 260 días, o "Cholq’ij", que se usa cotidianamente en muchísimas comunidades mayas de la región mesoamericana, es una muestra de la pervivencia y continuidad de una cultura que ha venido resistiendo embestidas sutiles y violentas que pretenden exterminarla.

Mujeres y hombres "ajq’ij" de diversas etnias e idiomas interpretan los días, sus nahuales, sus sonidos y secuencias para "comprender" algo tan complejo y abstracto como la vida en sus múltiples dimensiones. Estas personas, que son consultadas regularmente para saber destinos y resolver problemas, para determinar cuándo hacer ceremonias y rituales, entre otras cuestiones, poseen conocimientos heredados y transfigurados que se han ido acumulando, siempre en el espíritu de ciclos ininterrumpidos que se van sumando. En computadoras, programas y lenguajes variados, la interpretación maya del tiempo y el espacio sigue iluminando a la humanidad.

Lo poco que podemos entender o lo que llegamos a percibir desde fuera, quienes nos acercamos apenas a todo este cúmulo de conocimientos, nos indica que la cultura maya recurre a la naturaleza en toda su grandeza, como fuente de símbolos que permiten evaluar el acontecer, tal vez predecirlo o revelarlo.

Entre la gente del campo, el paso de los azacuanes marca momentos vitales: la siembra del sagrado maíz, la llegada o marcha de las lluvias. Todo ello se puede asociar a los ciclos biológicos, como el periodo de gestación.

Los maestros conocedores del tiempo y los calendarios saben que la sangre habla: las pulsaciones dan indicios, dicen qué está pasando o qué puede suceder.

El ritmo de la Madre Tierra, los caminos que recorren los astros y las posiciones de los frijiles de "tzité" se unen desde siempre y para la eternidad en la humanidad, que no está sola, que es parte de un todo y que, felizmente, se sigue moviendo.


Un hermoso texto sacado de La Cuerda, publicación de Guatemala.

1 comentario:

Anónimo dijo...

delicioso