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Nadie podía negar el enorme bien que la Iglesia moderna hacía en el atormentado mundo actual, pero no se podía obviar su historia de falsedades y violencia.
Su brutal cruzada para "reeducar" a los paganos y a los practicantes del culto a lo femenino se extendió a lo largo de tres siglos, y empleó métodos tan eficaces como horribles.
La Inquisición publicó el libro que algunos consideran como la publicación más manchada de sangre de todos los tiempos: el Malleus Malleficarum -El martillo de las brujas-, mediante el que se adoctrinaba al mundo de "los peligros de las mujeres librepensadoras" e instruía al clero sobre cómo localizarlas, torturarlas y destruirlas.
Entre las mujeres a las que la Iglesia consideraba "brujas" estaban las que tenían estudios, las sacerdotisas, las gitanas, las místicas, las amantes de la naturaleza, las que recogían hierbas medicinales, y "cualquier mujer sospechosamente interesada por el mundo natural".
A las comadronas también las mataban por su práctica herética de aplicar conocimientos médicos para aliviar los dolores del parto -un sufrimiento que, para la Iglesia, era el justo castigo divino por haber comido Eva del fruto del Árbol de la Ciencia, originando así el pecado original.
Durante trescientos años de caza de brujas, la Iglesia quemó en la hoguera nada menos que a cinco millones de mujeres.
La propaganda y el derramamiento de sangre habían surtido efecto.
El mundo de hoy era la prueba viva de ello.
Las mujeres, en otros tiempos consideradas la mitad esencial de la iluminación espiritual, estaban ausentes de los templos del mundo.
No había rabinas judías, sacerdotisas católicas ni clérigas islámicas.
El otrora sagrado acto del Hieros Gamos -la unión sexual natural entre hombre y mujer a través de la cual ambos se completaban espiritualmente- se había reinterpretado como acto vergonzante.
Los hombres santos que en algún momento habían precisado de la unión sexual con sus equivalentes femeninos para alcanzar la comunión con Dios veían ahora sus impulsos sexuales naturales como obra del diablo, que colaboraba con su cómplice preferida… la mujer.
Ni siquiera la asociación femenina con el lado izquierdo iba a escapar de las difamaciones de la Iglesia.
En varios países, la palabra izquierda, o siniestra, pasó a tener connotaciones muy negativas, mientras que la derecha pasó a simbolizar corrección, destreza y legalidad.
Incluso en nuestros días, a las ideas radicales se las consideraba "de izquierdas", el pensamiento irracional estaba regido por el "hemisferio izquierdo" y de cualquier cosa mala se decía que era "siniestra".
Los días de la diosa habían terminado.
El péndulo había oscilado. La Madre Tierra se había convertido en un mundo de hombres, y los dioses de la destrucción y de la guerra se estaban cobrando los servicios.
El ego masculino llevaba dos milenios campando a sus anchas sin ningún contrapeso femenino.
Esta erradicación de la divinidad femenina en la vida moderna ha causado lo que los indios hopi americanos llamaban koyinisquatsi-"vida desequilibrada"-, una situación inestable marcada por guerras alimentadas por la testosterona, por una plétora de sociedades misóginas y por una creciente pérdida de respeto por la Madre Tierra.
Textos sacados de la novela EL CODIGO DA VINCI, de Dan Brown
1.23.2006
Los peligros de las mujeres librepensadoras
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2 comentarios:
Me cuelo por la tangente (solo un poquito): Yo estudié 13 años en un colegio de curas. En tercer grado, en una clase de religión, yo que era bien tímida y que nunca preguntaba nada -me daba pánico que me preguntaran por el evangelio del domingo, que obviamente yo no sabía porque en mi casa no se va a misa y era motivo para desatar una persecución religiosa a nivel infantil- me armé de valor e hice sin saberlo, al Padre Alberto la pregunta más incómoda del año: -¿A la Virgen María le dolio el parto cuando tuvo a Jesús? Se puso como verde y contestó de mala gana que Ella era Purísima, y que por eso Dios la premió con un parto sin dolor. La respuesta fue como un fertilizante para mi sospecha de que algo andaba mal...
Yo hice un dibujito a los 5 años, de la Virgen Embarazada, panzona.
Con eso me gané un premio de la REvista "Abanico" de la Prensa Libre...jajjaja
Nadie la había puesto así...al menos en los dibujitos de las escuelas...
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